Latinoamérica: utopías vs. realidad
El Nobel de Economía James Robinson plantea cómo Latinoamérica es una suma de proyectos utópicos poco evaluados y aun así reencauchados.América Latina adora soñar, a quien no le gusta. El problema es cuando las utopías planteadas por instituciones y gobernantes están muy lejos de la realidad, haciendo que los países se alejen de alcanzar un equilibrio.
Ese fue, a grandes rasgos, el planteamiento de James A. Robinson, premio Nobel de Economía 2024, durante una conferencia en la Universidad de los Andes. Para Robinson, América Latina suele ajustarse mediante reformas — nuevas leyes y constituciones—, pero sin la retroalimentación de la realidad. Los nuevos planes salvadores tienen como base un proyecto utópico o ideal alternativo que se suma al que ya fracasó.
Como uno de los orígenes de ese proceder, recordó el Convento de Santo Domingo en Cusco, Perú, que se construyó sobre las piedras del santuario inca Qorikancha. No hubo una demolición absoluta del templo sino una superposición. El resultado fue una amalgama de dos órdenes que coexisten, siendo una metáfora de políticas y reformas ideales lejos de la realidad.
Estas ideas fueron expuestas por James Robinson durante la conferencia inaugural que llevará su nombre, organizada por la Facultad de Economía y realizada el 27 de enero de 2026 en el auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes.
Fotos: Daniel E. Álvarez
Latinoamérica no aprende
El análisis de Robinson no ataca el soñar, sino el no aprender sobre lo que falló. “Esto es algo que he notado por muchos años en la política pública colombiana. Se tratan de implementar cosas que no se llevaron a cabo, pero nunca se aprendió por qué no se hizo, solo vienen con un nuevo proyecto y una nueva propuesta, no hay una retroalimentación”.
Pone como ejemplo una adjudicación de tierras en Colombia. En la vereda El Carpintero (Meta), se entregaron tierras a 85 familias a finales de los noventa y se prometió un proyecto agrícola que no arrancó; luego vino el desplazamiento; más tarde, nuevas adjudicaciones de los mismos terrenos y, finalmente, superposiciones de títulos que ninguna ventanilla pudo conciliar. Se prometió el sueño de la tierra, el ideal, pero no se consultó qué había pasado con esta, se obvió la realidad.
Allí florece otra válvula de escape latinoamericana: el clientelismo como un árbitro informal que “resuelve” lo que el canal regular no cumple. Se entregan derechos a la salud o a la vivienda, por ejemplo, pero al reclamarlos hay un muro: cierres, falta de personal o de suministros. Y ahí es cuando entra Juan, Marina o cualquier “palanca” dentro de la institución que resuelve ese desequilibrio entre ideal y realidad tomando un atajo.
De nuevo haciendo historia, Robinsón recordó la expresión de la colonia “obedezco, pero no cumplo” para resumir ese desajuste. Se reconoce la autoridad del mandato, mientras se aplaza su ejecución por impracticable o injusta.
Promesas electorales utópicas
Nos encanta que nos prometan utopías y en época electoral se escuchan mucho. Robinson recuerda las palabras del dramaturgo Venezolano José Ignacio Cabrujas sobre su país: “Sería suicida para un candidato presidencial en Venezuela no prometernos el paraíso, porque el Estado no tiene nada que ver con la realidad. El Estado es un hechicero magnánimo”.
Un ejemplo son las constituciones. “Cuando algo no funciona y hay un desequilibrio entre lo real y lo ideal solo se plantea un nuevo plan idealista. ¿Cuál es el mejor ejemplo de eso? Las constituciones”, dice Robinsón.
Sumar también hace a Latinoamérica
Cuando se suma y suma, algo tiene que salir. El nobel lo denomina el “+1”, que puede también traer creatividad y las características propias de la región que en ocasiones son fértiles. Uno de los ejemplos es la ginga de la selección de fútbol brasileña, proveniente del vaivén de la capoeira. La selección se hizo imbatible cuando dejó de imitar al modelo alemán y asumió su estilo. Un ejemplo de cuando se asume la realidad —de lo que se puede hacer, de nuestras circunstancias— y cumple el ideal.
Robinsón no tiene soluciones mágicas como muchas de las utopías propuestas por los gobernantes, pero si invita a hacerse preguntas sobre qué tan reales y pragmáticas son las propuestas o cómo debería dar una retroalimentación efectiva.
No se trata de renunciar al ideal, sino anclarlo a la realidad con métricas, tiempos y responsables claros. Buscar un equilibrio entre el ideal y la realidad.