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A profundidad
15/05/2026

¿Cómo la forma de hablar reproduce la desigualdad en Colombia?

¿Puede un acento hacer que alguien parezca menos preparado, menos confiable o menos capaz? Un estudio de Los Andes lo responde.

Donny creció en Gramalote, un pueblo enterrado bajo el barro de la ola invernal de 2010. Cuando migró a Cúcuta y luego a Medellín, descubrió que su acento —ese que traía pegado de su tierra, de Norte de Santander— lo hacía sentir un intruso. 

 

Para abrirse paso en la industria musical, empezó a hablar con acento 'paisa' y, como lo menciona Leopoldo Fergusson, codirector de la iniciativa TREES de la Universidad de los Andes, "descubrió que si no abandonaba algunos aspectos de su identidad más íntima, no iba a ser tratado con igual consideración".

 

La historia de Donny se puede ver en El juego de la vida, la primera película documental de Los Andes. Su caso es un patrón que deja una pregunta incómoda: ¿la forma de hablar abre o cierra puertas antes de tocarla?

Cómo el acento influye en las oportunidades

Una investigación de la Universidad de los Andes y Harvard—firmada por Leopoldo Fergusson, Natalia Garbiras-Díaz y Michael Weintraub— midió por primera vez en Colombia el costo económico y social de hablar con acentos de “clase alta" o de "clase baja".  

 

El estudio, basado en un experimento con más de 6.000 adultos bogotanos, presentó a los participantes perfiles ficticios: mismos ingresos, misma educación, mismo género, misma personalidad. La única diferencia era el acento de las grabaciones de audio que los acompañaban.

 

El resultado fue contundente. Las personas con formas de hablar asociadas a "clases altas" fueron percibidas como más confiables, más empáticas y con mayor potencial laboral. Además, tuvieron entre 12,6 % y 15,1 % más probabilidades de ser elegidas como amigas, socias comerciales, colegas o jefes. 

 

Weintraub, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) de Los Andes, afirma que “el acento tiene un efecto directo, por encima de lo que la educación y el ingreso explican de una persona. Este señala algo adicional: a qué mundo social perteneces, con quién te relacionas, en qué espacios te mueves. Esto es capital cultural y social, no solo capital humano o económico".

 

El hallazgo más revelador fue que ese "premio al acento" no desaparece cuando se le muestra al evaluador exactamente cuánto gana y qué estudió el perfil. El registro lingüístico opera por encima de los datos objetivos y actúa desde el primer segundo. Por ejemplo, en las simulaciones de contratación laboral, las diferencias llegaron hasta el 19 %.

Michael Weintraub

"Una persona que desde el primer contacto en una entrevista, en una sala de clases, en un consultorio médico, genera una impresión menos favorable por la forma en que habla, va acumulando pequeñas desventajas que con el tiempo se traducen en trayectorias distintas de vida. Esto no es un evento único, sino un patrón que se repite",
Michael Weintraub, director del CESED de la Universidad de los Andes.

La relación entre acento, clase y movilidad social en Colombia

Colombia tiene una de las tasas de movilidad social más bajas de la OCDE. Según un informe de la organización, una familia vulnerable podría tardar hasta 11 generaciones en alcanzar el ingreso promedio del país. La investigación de Los Andes agrega una capa menos visible a esa discusión: la manera de hablar también puede convertirse en una ventaja o desventaja social.

 

El habla se forma en la infancia y está arraigada en la identidad y en la comunidad de origen. A diferencia del ingreso o las credenciales, que en principio son más maleables, este rasgo no es fácil de cambiar. 

 

Eso lo convierte en lo que los investigadores llaman una forma de capital "pegajoso": no se hereda como el dinero, pero tampoco se adquiere como un título. Se aprende —o no— en los primeros años de vida, en el barrio, en el colegio, entre pares.

 

El experimento incluyó además una variación con acentos chilenos: cuando los bogotanos evaluaron perfiles santiaguinos (personas de Santiago de Chile), el premio desapareció casi por completo. "La gente no podía distinguir la clase dentro del acento extranjero", explica Weintraub. 

 

Y es que no se trata de una preferencia universal por cierto tipo de voz. Es una lectura cultural aprendida, local, específica. Como toda construcción social, no es inmutable.

 

De igual manera, hay quienes siguen adaptando su voz para sobrevivir. Donny fue uno de ellos. Hoy canta en escenarios que antes solo imaginaba desde un albergue y, cuando vuelve a Gramalote —o al lugar donde Gramalote alguna vez estuvo— dice que ahí sí vuelve a sonar como él mismo. El pueblo desapareció bajo el barro. Y en el camino, una parte de su voz también quedó enterrada.

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