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A profundidad
08/05/2026

¿Qué se necesita para ser presidente?

Más que un Messi, un país necesita un buen director técnico. Expertos señalan las características de un buen líder presidencial.

Los requisitos para ser presidente se cuentan con los dedos de una mano. La Constitución señala que es necesario ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y tener más de 30 años. Seguramente, muchos de quienes leen este artículo cumplen esos parámetros. ¿Pero todos tienen las facultades? Ese es otro cantar. Por eso consultamos a expertos en ciencia política y liderazgo sobre las cualidades que debería tener un líder presidencial. 

¿Qué es un líder?

 

La imagen de una persona capaz de influir gritando órdenes ya es cosa del pasado. Es más, expertos en liderazgo como Iván Darío Sánchez, de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, sostienen que esa idea ha sido perjudicial para formar buenos líderes. 

 

Sánchez prefiere hablar de liderazgos, más que de líderes, porque la búsqueda de un objetivo no debería recaer en una sola persona, sino entenderse como un proceso de construcción colectiva. “Claro, está presente en esa construcción la figura de líder, pero más guiando un proceso”, dice el profesor. 

 

Si usted prefiere las definiciones, aquí va una que recoge las ideas de los expertos consultados: el líder o lideresa es quien guía un proceso de construcción colectiva, adaptando su estilo al contexto, en lugar de imponer soluciones individuales o mesiánicas. Pero hay más aristas y vale la pena desgranar esta definición. 

 

 

Características de un buen líder presidencial

 

Nathalie Méndez, profesora de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo de la Universidad de los Andes, pone un ejemplo claro: lo que necesitaría un país, más que una estrella o un salvador como Messi, sería “un buen director técnico que nos ayude a organizar cosas”. 

 

Méndez resume las aptitudes de un líder en tres grupos: conocimientos técnicos, competencias socioemocionales y competencias transversales. 

 

Dentro de los conocimientos técnicos está conocer bien el Estado y tener “pensamiento sistémico, es decir, que pueda conectar las causas y consecuencias de fenómenos complejos como la pobreza, la salud o la educación”, señala la doctora en Ciencia Política. 

 

Los expertos coinciden en la importancia de conocer el país, entender sus necesidades heterogéneas y tener la capacidad de analizar el contexto y el momento político que vive. 

 

En Colombia, la Presidencia dura cuatro años y no hay tiempo para aprender sobre la marcha cómo funciona el Estado. Para Miguel García, del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de Los Andes, no es necesario que sea alguien con doctorado, pues estos tienen otras utilidades, pero que quien aspire a gobernar entienda las distintas realidades de la población, así como el funcionamiento de la política y de la función pública. 

 

Ese conocimiento ayuda a leer el momento del país. García considera que Colombia tiene “una suerte de nostalgias sobre ciertas políticas públicas” y que el éxito de un gobierno depende de comprender lo que sucede en el presente, no de intentar repetir fórmulas aplicadas en momentos distintos. 

 

Pone como ejemplo la lectura del contexto en el conflicto colombiano. “lo que vivimos hoy es muy distinto a lo que vivimos hace 25 años, entonces uno no puede pensar que las soluciones de entonces son las mismas que se pueden aplicar hoy en día”. Señala que lo que ocurría durante el gobierno de Álvaro Uribe fue muy distinto al momento que gobernó Juan Manuel Santos o lo que sucede ahora en el de Gustavo Petro. Manejar esas situaciones de la misma forma sería un error. 

 

 

Competencias socioemocionales y sociorrelacionales

 

Las competencias socioemocionales y sociorrelacionales también son fundamentales para un líder político. Estas tienen que ver con la empatía, la conexión, la capacidad de escucha y otras cualidades que permiten relacionarse con actores políticos y ciudadanos. 

 

Las competencias socioemocionales están relacionadas con la capacidad de construir relaciones democráticas, reconocer y regular las propias emociones, y comprender las de los demás en escenarios públicos. La idea es que no sean las emociones las que gobiernen al líder, sino que este pueda gestionarlas para liderar mejor. 

 

En las competencias sociorrelacionales, el otro ocupa un lugar más activo. Allí entran la capacidad de conectar, dialogar, negociar y cooperar con distintos actores. 

Sergio Fajardo elecciones 2026

“Esas competencias socioemocionales y socio relacionales antes se llamaban blandas, pero están mal llamadas porque en realidad son muy, muy importantes para el ejercicio de conectar con la ciudadanía” – Nathalie Méndez.

Esta competencia está ligada, nada menos, con la posibilidad de tramitar las diferencias. “Es decir, tener la capacidad de crear acuerdos, ni siquiera consensos, porque los consensos son más difíciles, más profundos, pero sí llegar a acuerdos que permitan que esa idea de país se materialice”, señala el profesor Iván Sánchez. 

 

Otra característica que enfatiza Sánchez es la construcción de confianza: “Sin confianza no puedes salvar diferencias, nadie te cree esa visión colectiva que estás formulando, la gente no le echa ganas, no libera esas energías, no le mete fuerza, no se inspira”. Esa confianza no se construye en campaña ni de la noche a la mañana, sino demostrando a lo largo de una trayectoria que se es digno de ella. 

 

 

Competencias transversales

 

El último grupo reúne las llamadas competencias transversales o integradoras, en las que se combinan lo técnico y lo sociorrelacional. El presidente necesita conformar un equipo; no podrá hacerlo todo solo. Debe preparar un empalme, integrar un gabinete ministerial y rodearse de personas capaces. Para esto necesita articular conocimientos técnicos, criterio ético, inteligencia emocional, comunicación y otras habilidades. 

 

Aunque son muchas las competencias necesarias, vale la pena resaltar la comunicación, que como se señaló, se confunde con la capacidad de mandar o imponerse. Para Sánchez, es importante aclarar que ser un buen comunicador o comunicadora no es simplemente ser asertivo, sino entender que esta implica un diálogo con el otro, entender su importancia y el lugar desde donde se está hablando. “Escuchar no para reaccionar a lo que el otro está diciendo, sino para comprender lo que el otro está diciendo”, señala el doctor en Administración. 

 

 

Paloma Valencia o Ivan Cepeda Liderazgo

Errores de liderazgo

 

Para todos los expertos consultados, los liderazgos mesiánicos deberían desaparecer. El gran ego de los mandatarios es uno de los errores más recurrentes. El liderazgo individualista está lejos de ser el ideal. El político que promete resolver problemas complejos en pocos meses, casi como por arte de magia, cae en un populismo que puede ser efectivo en campaña, pero que rara vez resulta realista en el gobierno. 

 

Otro error es no pensar a largo plazo. Un presidente no debería limitarse a administrar cuatro años de mandato, sino construir una visión de país que pueda trascender su gobierno. Ir más allá del discurso o del video conmovedor implica convertir las promesas en gestión, proyectos y políticas públicas que puedan sostenerse y ser continuadas por su sucesor. 

 

En últimas, un presidente no debería medirse solo por la contundencia de sus discursos. Un buen mandatario necesita conocer el Estado, entender el país real, escuchar antes de decidir, construir confianza, rodearse de equipos competentes y reconocer que gobernar no es imponer una voluntad individual, sino orientar una tarea colectiva. 

 

 

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