InnoLab: ideación para solucionar problemas sociales
Estudiantes de diferentes áreas de Ciencias Sociales trabajaron 30 horas continuas creando propuestas que impacten de manera positiva en la transformación de la sociedad.“Los estudiantes llegan con enormes ganas de ayudar a cambiar el mundo y con la certeza de que pueden hacerlo”, señala Angelika Rettberg, decana de la Facultad de Ciencias Sociales.
Según explica, buena parte de ellos terminará trabajando de cerca con desafíos complejos: desigualdad, violencia de género, brechas educativas, seguridad o la construcción comunitaria. Ese mundo social, difícil y desafiante, será el escenario en el que, probablemente, se desempeñarán más adelante como profesionales.
De ahí surge una pregunta, ¿cómo pasar de los conceptos a la experiencia, de la teoría a la realidad?
La respuesta tomó forma en InnoLab, un ejercicio intensivo de aprendizaje experiencial que reunió a estudiantes de pregrado de la Facultad de Ciencias Sociales en una maratón de 30 horas continuas para pensar soluciones a cinco problemas sociales reales y urgentes: La desradicalización de jóvenes vinculados a barras de fútbol y la búsqueda de formas de vivir la pasión futbolera sin violencia; la violencia de género en campus universitarios; el riesgo de que la inteligencia artificial profundice las brechas educativas entre el campo y la ciudad; la prevención del reclutamiento de jóvenes por parte de organizaciones armadas ilegales; y, en una escala más amplia, la pregunta por qué actores internacionales pueden incidir hoy en la defensa de la paz ante conflictos como el de Medio Oriente, en donde organismos como la ONU enfrentan fuertes limitaciones.
“Ese ejercicio tiene como propósito que los estudiantes desarrollen una capacidad de aprendizaje experiencial que traduzca en acción su deseo de transformar”, señala Angelika Rettberg.
Y para proponer soluciones a estos retos, los jóvenes estuvieron acompañados por entidades y organizaciones como Fútbol en Paz, la Secretaría de la Mujer de Bogotá, el Ejército Nacional y el Instituto Latinoamericano para la Paz y la Seguridad, que ayudaron a contextualizar los problemas y escucharon a los estudiantes.
Estudiantes de diferentes semestres de Antropología, Ciencia Política, Filosofía, Historia y Psicología participaron en InnoLab.
“El regalo más valioso que recibimos en InnoLab fue una dosis de realidad y de esperanza en su justa medida. Será una inspiración para todo aquel que quiera impactar su realidad de manera positiva, a través del trabajo en equipo, la IA y la innovación social”.
Santiago Josué Navarro Flórez
Ciencias Sociales, 21 años
A Santiago Josué Navarro Flórez, estudiante de últimos semestres de Psicología, le correspondió repensar la percepción sobre los barristas, esas hinchadas que con frecuencia quedan reducidas, en el imaginario colectivo, a escenas de violencia, desorden o temor. El reto de él y su grupo consistía en preguntarse cómo transformar esos prejuicios y cómo empezar a reconocerlos como aficionados apasionados, pero también líderes y agentes de cambio en sus comunidades.
La idea era mirar más allá del estigma y se inventaron Barristas por la vida, una propuesta con la que el grupo propuso una casa cultural capaz de reunir todo aquello que rara vez se ve cuando se habla del barrismo: sus relatos, sus talentos, su capacidad de convocatoria y su potencial de activismo social. La apuesta era crear un espacio de encuentro donde la pasión por el fútbol pudiera convertirse en una herramienta para tejer comunidad.
Además, sugerían la creación de un laboratorio social para articular a barristas, organizaciones y clubes de fútbol alrededor de iniciativas comunitarias, así como un espacio de memoria para visibilizar los aportes culturales de las barras a la vida del fútbol y a las dinámicas de los territorios.
“Nosotros abordamos la problemática apelando a ese deseo humano de reconocimiento y aceptación en sus comunidades, a través de la creación de la casa cultural Barristas por la vida, un espacio en el que convergen el activismo social, el reconocimiento de la diversidad, la creación cultural y la pasión por el deporte”, señala Santiago.
En el fondo, la propuesta buscaba mover la conversación de la condena automática hacia una pregunta más compleja y humana: ¿qué ocurre cuando a esos jóvenes, tantas veces leídos desde el prejuicio, se les reconoce también su capacidad de cuidar, construir y transformar?
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