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Educación financiera, la mejor inversión a lo largo de la vida.

Los Andes fue la anfitriona de la segunda edición de Moneycon, un festival que reunió a más de 5.000 asistentes en más de 100 charlas, talleres y experiencias interactivas sobre finanzas, inversión y productividad, organizado junto a Mis Propias Finanzas y Páramo Lab.

Una escena común para muchos es antojarse de algo en una tienda, comprarlo por impulso y, minutos después, pensar: “No debí haberlo hecho”. O, al revés, querer algo con ganas —un viaje, un curso— y descubrir que no alcanza porque no había ahorro ni plan. Ese “error” no siempre es falta de disciplina; muchas veces es falta de herramientas o enseñanzas sobre cómo tomar buenas decisiones entorno al dinero. 

 

La educación financiera fue una conversación que estuvo en el centro de la segunda edición de Moneycon, el festival de finanzas, inversiones y productividad realizado el 17 y 18 de enero en la Universidad de los Andes. Organizado por la plataforma Mis Propias Finanzas y la agencia de entretenimiento Páramo Lab, el evento reunió más de 100 charlas, talleres, espacios de networking y experiencias interactivas. Participaron más de 5000 personas de todas las edades —desde niños hasta jubilados— en una apuesta 

Plazoeta LLeras Universidad de los Andes

Los asistentes aprendieron sobre presupuesto, deudas e inversión, y exploraron tendencias como finanzas con IA y experiencias interactivas para niños.

En la charla La estrategia financiera para cada edad, Natalia Granados, de Mis Propias Finanzas, lo sintetizó en una frase: “Aprender a decidir qué hacer con el dinero —sin culpa, sin ansiedad y sin improvisación— ayuda a evitar arrepentimientos y a entenderlo por lo que es: una herramienta para cumplir metas, cuidar la tranquilidad y también ayudar a otros”.

 

Y es que la relación con el dinero no es la misma a los 10, a los 20, a los 30 o en el retiro. Cambia de acuerdo a las responsabilidades, ingresos y las necesidades que se van acumulando en cada etapa. 

Infancia: aprender lo básico, jugando

 

En el pabellón de Mis Primeras Finanzas, los más pequeños se acercaron a conceptos clave a través del juego. Entre actividades, podía comprar acciones de marcas que conocen —como Disney o Apple—, una forma sencilla de introducirlos al mundo de la inversión. El aprendizaje, sin embargo, empieza por lo esencial: entender que el dinero no “aparece”, se gana. 

 

“Una estrategia útil es convertir el deseo en un plan: si quieren algo, pueden ganar una parte con tareas acordes a su edad o con manualidades que luego vendan a familiares. Así viven el ciclo completo: esfuerzo, ingreso, decisión y ahorro”, señaló María Susana Torres, psicóloga de la Universidad de los Andes. 

 

También ayuda llevarlos al mercado y mostrarles cómo un mismo producto cambia de precio con el tiempo: esa comparación cotidiana —sin tecnicismos— abre la puerta para entender la inflación. 

 

“Entre más cotidianos sean los conceptos de ahorro, gasto o inversión, más fácil será aplicarlos en la vida adulta, porque el dinero no es el fin en sí mismo: es la herramienta que nos ayuda a cumplir metas”, añadió Torres durante el taller de Mis Primeras Finanzas

 

Mis primeras finanzas

Adolescencia: prioridades antes que impulsos


En esta etapa es habitual que los gastos esenciales los cubran los adultos, y eso puede generar una sensación engañosa: “todo lo que tengo es para gastar”. Pero crecer implica asumir responsabilidades y aprender prioridades. Por eso conviene entrenar desde temprano una regla simple: primero lo esencial, luego el ahorro (o la inversión, según el caso) y, al final, los gustos. No se trata de prohibir, sino de aprender a elegir.

Adolecentes en la Moneycon
Los 20: construir disciplina y empezar a invertir

Los 20: construir disciplina y empezar a invertir

 

En los 20 suele dominar la etapa de acumulación: educación, disciplina y aprendizaje. Es un momento propicio para empezar a invertir con lógica de diversificación y horizonte de largo plazo. Herramientas como los ETFs (fondos cotizados en bolsa) pueden ser una puerta de entrada para quienes buscan exposición diversificada sin concentrarse en un solo activo. También puede haber exploración de activos más volátiles, siempre que se entiendan sus riesgos y no se confunda “apostar” con invertir. 

 

Los 30 y 40: decisiones grandes y diversificación real

En los 30 y 40 llegan decisiones de mayor impacto: familia, vivienda, posgrados, seguros y un fondo de emergencia más robusto. Aquí la diversificación deja de ser una idea bonita y se vuelve necesidad: evitar estar “100% en un solo activo” y equilibrar el portafolio con una estrategia acorde a metas y responsabilidades. Es una etapa donde la planeación financiera suele volverse más estructurada, porque cualquier error cuesta más tiempo y más esfuerzo. 

 

De los 30 a los 40 en la Moneycon

Los 50: proteger lo construido

En los 50, el enfoque suele moverse hacia la protección: menos volatilidad, más estabilidad y una mirada creciente a activos que generen renta. En esta etapa pueden tomar fuerza estrategias como dividendos o productos gestionados profesionalmente, dependiendo del perfil y de los objetivos. El punto no es “dejar de crecer”, sino reducir la exposición a sobresaltos que puedan poner en riesgo lo acumulado. 

Los 50: proteger lo construido
Los 60: distribuir, disfrutar y ordenar

Los 60: distribuir, disfrutar y ordenar

En los 60 llega la etapa de distribución: conservar patrimonio, vivir de rentas, ordenar la planeación sucesoral y mantener claridad para disfrutar sin perder el control. El objetivo deja de ser “acumular por acumular” y pasa a ser sostener calidad de vida, tener tranquilidad y usar el dinero con intención, alineado con lo que se quiere vivir en esta etapa. 

“El dinero nunca va a ser el fin. De nada sirve acumularlo si no sabemos usarlo bien y no se traduce en bienestar: tiempo con la familia, educación, salud y apoyo a los demás. Por eso la mejor herencia que podemos dejar a los hijos no es el dinero es el conocimiento para crearlo y conservarlo”, Carolina Pineda, cofundadora de Mis Propias Finanzas.