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A profundidad
18/09/2020

“Aprender ya no será una etapa concentrada al inicio de la vida, sino una necesidad permanente”

Nuevas tecnologías, una población que envejece y trabajos que cambian plantean nuevos retos para la educación técnica y tecnológica. Lo explica Edna Bonilla, rectora de Tec Alianza.

En Colombia, 44 % de las habilidades básicas que hoy necesitan los trabajadores podrían cambiar en el 2030, según el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial. A nivel global, el promedio es de 39 %.

 

La cifra pone sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿cómo preparar a alguien para un trabajo que puede cambiar mientras se está formando?

 

El desafío alcanza a la educación técnica y tecnológica, pero no empieza ni termina en ella. En 2024, la tasa de tránsito inmediato a la educación superior fue de 45,94 %. Es decir, menos de la mitad de los bachilleres ingresaron directamente a un programa de educación superior.

 

Para quienes continúan su trayectoria existen distintas rutas: la formación técnica profesional, la tecnológica y la universitaria. Las tres son parte de la educación superior de pregrado, pero corresponden a niveles diferentes.

 

Para Edna Bonilla, nueva rectora del TEC Alianza, el problema de fondo está en que la relación entre educación y trabajo está cambiando. “El desafío está asociado con transformaciones en la tecnología, el trabajo y la demografía, que están modificando las trayectorias educativas y laborales”.

 

Esas transformaciones también obligan a pensar qué tendrá que pasar con la educación técnica y tecnológica en los próximos años.

Edna Bonilla, rectora del TEC Alianza

“La formación técnica y tecnológica gana valor cuando ofrece una inserción laboral pertinente, pero también cuando deja abiertas posibilidades de progresión, actualización y movilidad”,
Edna Bonilla, nueva rectora del TEC Alianza.

¿Qué tendrá que cambiar en la educación técnica y tecnológica?

 

Uno de los retos será responder a un mercado laboral en transformación. El Foro Económico Mundial prevé que, hacia 2030, crecerá la importancia de habilidades relacionadas con la inteligencia artificial, los datos, las redes, la ciberseguridad y el uso de tecnologías. También aumentará la necesidad de capacidades como el pensamiento creativo, la capacidad de adaptarse y el aprendizaje permanente.

 

En Colombia, el 65 % de los empleadores consultados por el Foro señalan esas brechas como una de las principales barreras para transformar sus negocios.

 

Para Bonilla, esto plantea un desafío para todo el sistema. 


“La pertinencia debe entenderse de manera más amplia, conectando la formación con las transformaciones productivas y sociales del país y fortaleciendo la capacidad de las instituciones para generar conocimiento, innovación y nuevas capacidades en empresas y territorios”.

De acuerdo con Bonilla, el futuro del modelo pasa por su relación con las empresas y los territorios, por la actualización de los docentes y por la posibilidad de que los conocimientos adquiridos sigan teniendo utilidad cuando cambien las tecnologías. “La formación técnica y tecnológica requiere una relación más estrecha y permanente con el sector productivo incorporada al diseño curricular, las prácticas, los proyectos aplicados y la actualización de los docentes”.

 

A esto se suma la posibilidad de continuar avanzando dentro del sistema educativo. En Colombia existen mecanismos que permiten conectar los niveles técnico profesional, tecnológico y universitario para que una persona pueda seguir su trayectoria sin tener que comenzar nuevamente toda su formación.

¿Por qué el envejecimiento de Colombia cambiará la educación para toda la vida?

 

La discusión no será solo tecnológica. También será demográfica.

 

Las proyecciones del DANE muestran un aumento sostenido del envejecimiento. El índice de envejecimiento —que mide cuántas personas de 65 años o más hay por cada 100 menores de 15 años— pasaría de 36,7 en 2018 a 125,7 en 2048.

 

Eso significa que habrá una población adulta cada vez más grande y que las trayectorias laborales podrían extenderse durante más años. La formación, entonces, no estará dirigida únicamente a quienes acaban de terminar el colegio. También tendrá que responder a personas que necesiten actualizar sus conocimientos, cambiar de ocupación o adquirir nuevas competencias después de años de experiencia.


“Aprender ya no será una etapa concentrada al inicio de la vida, sino una necesidad permanente”,
dice la rectora del TEC Alianza.

"El sistema educativo debería concentrarse en ampliar las capacidades y las opciones reales de los jóvenes desde la educación media”, añade. Esto incluye aprendizajes básicos, competencias digitales, analíticas y socioemocionales, además de orientación sobre las diferentes rutas laborales y aquellas que se pueden tomar para complementar sus estudios.

 

Sin embargo, no se trata solamente de preparar a quienes entrarán por primera vez al mercado laboral. Bonilla plantea que el sistema debe permitir “trayectorias más diversas, discontinuas y recurrentes, con una mayor capacidad para reconocer aprendizajes previos, facilitar transiciones y sostener procesos de formación a lo largo de la vida”.

 

Ahí aparece uno de los grandes retos de la educación técnica y tecnológica: responder a cambios que ocurren al mismo tiempo. Cambia la tecnología, cambian las necesidades de las empresas y cambia la estructura de la población.

 

El trabajo del futuro no solo alterará lo que las personas hacen, también modificará cuánto tiempo les servirá lo que aprendieron. Para la educación técnica y tecnológica, el reto será responder a ese cambio sin perder calidad y lograr que una primera formación no sea un punto final, sino una base para seguir avanzando.