Carnaval democrático: la hora del debate
Inscríbase al Carnaval Democrático, el espacio donde estudiantes de distintas tendencias políticas debaten sobre la agenda nacional.La política se ha convertido en sinónimo de confrontación, y suele considerarse un “buen debate” aquel que acumula más puyas y donde se sube la voz. Pero ¿es posible lograr un debate entretenido por los argumentos? El primer Carnaval democrático en Los Andes apuntó precisamente a eso.
Estudiantes de distintas carreras y corrientes políticas participaron en tres ejercicios —Spectrum, Cara a cara y Change my mind— inspirados en las dinámicas del canal de YouTube Jubilee, con el propósito de generar una discusión ágil, directa y visualmente atractiva sobre las ideas que los dividen y los unen en vísperas de las elecciones en Colombia.
Entre las reglas de las actividades, incluso, existía la posibilidad de expulsar al participante que irrespetara al otro, pero eso estuvo lejos de ocurrir. Lo que, para sorpresa de muchos, no lo hizo aburrido. Y no fueron temas menores, sino algunos de los más candentes del debate electoral en Colombia: salud, fracking, salario mínimo, entre otros.
Para Ramiro Guerrero, director de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo, este ejercicio, además de ser innovador en el debate político colombiano, es una pedagogía importante para el país, prueba que es posible debatir “sin que por ello esas personas se consideren enemigos, por lo contrario, son interlocutores”.
Quienes organizaron y apoyaron la actividad temían que la gente no se animara a participar, por la sensación de agotamiento que suele rodear los temas políticos. Pero tanto los participantes como el público se mantuvieron constantes, compartiendo con personas de distintas corrientes de pensamiento. “La gente vino a decir: me sigue interesando mi país, me sigue interesando qué pasa y qué proponen”, dice Juan Camacho, uno de los organizadores.
El comentarista político, Rafael Solano, moderó el evento.
Participantes de la actividad Change my mind.
“Podemos tener ideologías distintas, pero tenemos valores. Este fue el mejor ejemplo de eso, compartiendo un espacio y siendo coherentes con lo que se piensa, sin romper esos valores mínimos para la discusión” – Luis Niño, coorganizador del Carnaval democrático.
Luis Niño, coorganizador del Carnaval democrático.
Un debate humano
“Lo que queremos hacer ni siquiera es cómo cambiar la intención de voto, sino que se pregunten a sí mismos si tienen motivos suficientes para votar por quienes están votando”, dice Luna Sofía Osorio, codirectora de Ideas contra el Odio, quienes participaron en la organización aportando profundidad teórica y un espíritu de despolarización.
Osorio dice que en estos ejercicios se busca disuadir el ego y la necesidad de tener siempre la razón; además, reconocer la humanidad del otro, evitando el ataque.
Por ejemplo, en la actividad de Cara a cara, los participantes tienen frente a ellos un reloj de ajedrez con dos minutos y medio para cada uno, lo que les permite ser conscientes de cuánto tiempo están hablando y cuándo ceder la palabra. “Es una dinámica muy innovadora, se utiliza mucho en debates presidenciales en otros países, pero en Colombia casi no la hemos explorado y es de automoderación: cuándo te doy la palabra, cuánto tiempo quiero gastar y cuántas intervenciones quiero utilizar”, explica Tomás Villescas, quien ve en esa metodología la posibilidad de tener un diálogo honesto y respetuoso.
Una de las novedades de esta versión fue darle espacio a reconocer que no se domina un tema o que no se tienen argumentos suficientes para debatir. Así funcionó en la actividad Spectrum, donde el participante puede admitir que no está informado, "en vez de que exista una presión por optar por un grupo para sentirse protegido", señala Osorio.
Juan Camacho, Luis Niño y Tomás Villescas, organizadores del Carnaval.
Luna Osorio y Duván Martinez, directores de Ideas contra el Odio.
¿Estoy polarizado?
Los candidatos más populares para las elecciones de 2026 están en orillas opuestas y puede existir la tentación de, al escoger a uno de ellos, irse al extremo. Estos juegos, al tener un componente visual, permitieron que los participantes se dieran cuenta de qué tan polarizada está su postura.
En la actividad de Spectrum, donde se tienen que parar en el escenario en la posición en que se encuentran, sucedió algo que Luna Osorio señala: uno de los participantes, tras la pregunta de si el país debe tener —o no— relaciones con Israel, tomó una postura extrema, pero al ver la posición de los otros, la moderó.
“Logramos un impacto en su pensamiento –dice Osorio–, pues no necesitas polarizarte para tener una posición válida y crítica, al contrario, lo crítico está en no polarizarse”.
Otra participante que se llevó una reflexión sobre su postura fue María Paz Valencia, estudiante de Derecho, quien defiende el voto en blanco y la autocrítica de las personas hacia la información que tienen y al desarrollo de su pensamiento crítico. “Me quedó sonando no votar en blanco en primera vuelta. Fue el primer chico con el que debatí y es verdad, porque no tiene tanto sentido en primera vuelta”.
Para los próximos eventos similares, Tomás Villescas ve la necesidad de trabajar aún más en los argumentos para no quedarse con posturas polarizadas que pueden ser más llamativas y, por eso, las más repetidas, pero que son falacias sin argumentos.
Durante cuatro horas, el Carnaval Democrático mostró algo que a veces parece difícil: que se puede debatir con respeto, escuchar de verdad al otro y hasta cuestionarse las propias ideas.