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A profundidad
19/02/2026

Espías nucleares: reproduciendo la bomba nuclear

El libro relata cómo la Unión Soviética, mediante el espionaje científico, consiguió reproducir la bomba atómica desarrollada por Estados Unidos.

Juan Carlos Sanabria es doctor en física nuclear, característica apreciada para el perfil de un espía soviético de los años 40. Se autodefine como un hombre pragmático. Y esos espías que averiguaron los secretos del desarrollo de la bomba atómica tenían unas ideologías profundas que los hacían tomar semejantes riesgos. Él no lo haría. 

 

Pero a Sanabria le encanta la historia y por eso decidió contar la parte humana de estos agentes en el libro Espías Nucleares, de Ediciones Uniandes. Este fue un momento trascendental para la física y, como dice el profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, una coincidencia macabra: al adquirir el ser humano el conocimiento de la fisión nuclear poco antes de iniciar la Segunda Guerra Mundial. 

 

Este es un libro sobre científicos viviendo circunstancias extraordinarias, de su actuar altruista, pero también de las acciones cuestionables, propias de seres humanos. 

 

Juan Carlos Sanabria autor de "Espías nucleares"

Juan Carlos Sanabria autor de "Espías nucleares"

¿Por qué escribir sobre estos espías que replicaron la bomba y no sobre los que la inventaron como Oppenheimer? 

Mi interés era la parte humana de esos espías, más que en el surgimiento de las armas nucleares en sí mismo. Sobre el Proyecto Manhattan se ha escrito mucho, se hizo la película. Mientras tanto, sobre el proyecto nuclear soviético poco se sabe. Otro de los objetivos que encontré en mi libro es enseñar acerca de lo que fue ese proyecto, alimentado en buena parte por espías. Ellos también tenían científicos fabulosos, que fueron ayudados por esos hombres y mujeres. 

 

Es fácil juzgar a esos científicos soviéticos, pero nosotros no vivimos en la Unión Soviética de Stalin. Es fácil hacer juicios, pero los que vivieron eso tuvieron circunstancias muy difíciles. 

 

¿Qué significó para la Unión Soviética tener la bomba y poder replicarla? 

Stalin y los líderes soviéticos siempre fueron muy paranoides acerca de occidente, y con razón, porque las potencias occidentales atacaron a la Unión Soviética en los primeros años de su surgimiento. 

 

Una vez Stalin entendió de qué se trataban las armas nucleares, porque en principio no lo había entendido muy bien, la idea de que un avión, con una sola bomba, destruía una ciudad, lo dejó en estado de shock. En agosto de 1945 comprendió y decidió que había que construir bombas atómicas a cualquier costo. 

 

Sintió que la Unión Soviética quedaba desnuda. Podría tener la esfera de influencia que protegiera sus fronteras, pero una bomba atómica podía llegar desde cualquier lado y destruir Moscú o lo que fuera. Además, después de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética era una superpotencia y si Estados Unidos tenía armas nucleares, la Unión Soviética debería tenerlas, ya sea para ponerse al mismo nivel o, si se es muy paranoide, evitar que la ataquen. 

 

¿Fue el momento más trascendental de la física en su relación con la humanidad? 

Para los físicos –a nivel científico– el descubrimiento de los procesos que llevan a armas nucleares o energía nuclear no era algo muy profundo. Los físicos podrían admirar más el surgimiento de la mecánica cuántica o de la relatividad especial y general de Einstein que el descubrimiento de la fisión nuclear. 

 

Pero, desde el punto de vista de impacto en la humanidad, sobre todo impacto negativo, el de las armas nucleares sí fue un momento estelar; el descubrimiento de la fisión nuclear, del uranio y después de la fusión nuclear, son descubrimientos importantes en física, pero no son descubrimientos que estén en sus fundamentos. 

 

Fue algo muy importante, pero no necesariamente fundamental. 

 

 

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¿Qué otros temas estudiaban en física en ese momento? 

Todos estos descubrimientos son consecuencia de la revolución de la mecánica cuántica, que inició en 1900, pero terminó de cuajar en la década de los 20. Se ha escogido el año 1925, en el que sucedieron cosas importantes en términos de entenderla, y por eso el año pasado fue el Año Internacional de la Mecánica Cuántica. Se descubrieron las herramientas teóricas, matemáticas y conceptuales para entender el mundo microscópico, el mundo de los átomos, de los núcleos, de las partículas. 

 

Ese mundo está removido de nuestra experiencia sensorial y es muy diferente. Llegar a entenderlo en profundidad fue una revolución importantísima. Esta revolución nuclear es hija de la mecánica cuántica. 

 

Lo que pasó es que coincidió con una guerra, ¿no? 

Sí, a manera de broma yo digo que si Dios existe, tiene que ser muy maldadoso, porque justo le entrega al ser humano ese conocimiento en diciembre de 1938, y en septiembre de 1939 estalla una de las peores guerra más terrible que ha tenido la humanidad, donde estas personas tienen acceso a las armas más terribles que usted se pueda imaginar. 

 

Es una coincidencia histórica muy curiosa y un tanto tétrica, asustadora; en la guerra más mortal, había gente con secretos de armas que podrían destruir a la humanidad. 

 

Usted es un doctor en física nuclear. ¿Se hubiera atrevido a ser un espía? 

Todas estas personas tenían ideologías fuertes, ya fuera capitalista, comunista, etcétera. Yo soy pragmático, entonces probablemente no lo haría, pero, de haber tenido ideología fuerte, habría terminado inmiscuido en este tipo de cosas. 

 

Era la época del auge del comunismo, de ideas socialistas, tremendos fracasos y ruina causados por capitalismo excesivo. Y eso llevó a muchos a adquirir ideologías de ese tipo y a tomar decisiones que en su momento no parecían reprochables. Después sí, pero cada cual experimenta en la época que vive. Para nosotros, en el siglo XXI, nos es difícil entender por qué esas personas habrían hecho eso, pero algunos de nosotros tenemos suficiente edad para recordar lo que fue la época de la Guerra Fría y entender mejor el papel que las ideologías jugaban en las decisiones de los individuos. 

 

Espías nucleares de Juan Carlos Sanabria

Portada de "Espías nucleares" de Juan Carlos Sanabria.

Y es que después de 1941 el comunismo combatió el nazismo...

El nazismo era el otro rival. Podrían verlo como una manifestación de capitalismo, ya con otros ingredientes como el abuso de poder, antisemitismo, etcétera, que entonces muchos de ellos encontraban como una justificación para unirse a la lucha en contra de ese fascismo. 

 

El error que cometían era que no tenían la información suficiente para darse cuenta o querían ignorarlo, pues el comunismo que implantó Stalin en la Unión Soviética era una cosa terrible; era peor que el nazismo mismo, pero estas personas se rehusaban a creerlo o aceptarlo; uno niega la realidad una vez se ha vuelto fanático. 

 

¿Algún método o anécdota que le haya llamado especialmente a usted la atención de ese espionaje? 

En novelas y películas se deforma un poco la imagen de los espías. Primero, los soviéticos en esa época reclutaban espías industrialmente, para lo que fuera. Si nunca iban a proveer información, no importaba, ahí estaban. Tenían tantos y en tantos lados que, cuando comenzaron a surgir estos secretos nucleares, comenzaron a enterarse. Porque a veces hasta se les olvidaba que tenían a fulanito aquí, a sutanito allí, y había que reactivarlos, porque ellos habían creado esas redes en los años 20 y 30, y para los 40 comenzó a rendir réditos a nivel nuclear. 

 

Esos espías eran gente común, no necesariamente muy profesionales; en el libro hay ejemplos de personas que son alcohólicas, mujeres con muchos amantes, lo que podría ser un riesgo para la operación. 

 

Espías profesionales como los de las películas, si los hubo, fue después, en la Guerra Fría. Pero en esa época era un poco artesanal y folclórico. Está el caso de la famosa espía Sonia, Úrsula Kuczynski, que estaba dirigiendo una red de espías que se estaban insertando en Alemania, y uno de los planes que tenían era asesinar a Hitler, pero ella tenía dos hijos pequeños y una niñera. La niñera comenzó a tener un ataque emocional, a comportarse en forma errática. A ella y a su red de espías les tocó huir de la niñera. 

 

¿Hoy en qué anda la energía nuclear? 

Por todas estas historias, la palabra nuclear adquirió una reputación muy mala. La sociedad de la posguerra rechazó mucho los temas nucleares. Inicialmente, la energía nuclear de fusión basada en uranio progresó, pero los accidentes nucleares que sucedieron en Three Mile Island, en Chernóbil y más tarde en Fukushima acabaron de arruinar cualquier prestigio que pudiera tener esa energía. 

 

Se estancó a partir de 1979 y, sobre todo, a partir de Chernóbil en 1986. Renace en el siglo XXI, con la idea de que no produce gases de efecto invernadero y está en capacidad de suministrar gigavatios, petavatios de energía eléctrica. Se ha hecho nuevamente atractiva por problemas ambientales. 

 

Desarrollos como, por ejemplo, reactores nucleares más compactos, portátiles, que se puedan llevar a diversos sitios o que se puedan conectar en tándem, se llevan estudiando hace tiempo, pero están comenzando a renacer.  

 

Siendo lo que somos, surge otra circunstancia que probablemente en un futuro va a tener connotaciones negativas, y es la inteligencia artificial, que requiere centros de procesamiento de datos gigantescos que consumen cantidades gigantescas de energía. Y entonces la gente que está a cargo de esos centros le ha echado el ojo nuevamente a la energía nuclear. Bien podría ser que la energía nuclear tenga un renacimiento que no esté asociado a ayudar a resolver la problemática ambiental, sino a energizar centros de cómputo. Y pues, en mi parecer es un poco triste: una cosa tan desprestigiada, que estaba llamada a ayudar a la humanidad a salvarse del desastre ambiental, ahora se usaría para propósitos que no necesariamente son ambientales. 

 

 

Tall Hall, energía nuclear

Ted Hall trabajó dentro del Proyecto Manhattan, en el que Estados Unidos diseñó las primeras bombas atómicas.

Espías nucleares 2

La espía Lora Cohen, quien fue homenajeada con una estampilla rusa en 1998

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