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A profundidad
22/06/2026

¿Cómo gobernar para todos cuando el país quedó dividido en las urnas?

Con una diferencia de cerca de 255 mil votos, Abelardo de la Espriella fue elegido presidente de Colombia. Expertos analizan los retos de su gobierno frente a las realidades territoriales y las disputas políticas.

Abelardo de la Espriella fue elegido presidente de Colombia en una de las contiendas más estrechas de los últimos años. Según el preconteo de la Registraduría Nacional, el candidato obtuvo 12.959.542 votos, equivalentes al 49,6 %, frente a Iván Cepeda, quien alcanzó 12.708.712 votos, el 48,7 % de la votación.

 

La diferencia entre ambos fue de cerca de 255 mil votos. El resultado, ajustado y con una alta carga política, dejó sobre la mesa una pregunta central: ¿cómo gobernar para un país con realidades territoriales, sociales y políticas tan distintas?

 

Desde el icónico monumento La Ventana al Mundo, en Barranquilla, Abelardo de la Espriella presentó su triunfo como el inicio de una nueva etapa para el país. En su discurso habló de unidad nacional, defensa de la Constitución, respaldo a la fuerza pública, recuperación del orden y lucha contra la corrupción. “Seré el presidente de todos los colombianos”, afirmó al dirigirse también a quienes no votaron por él.

 

Para Nathalie Méndez, doctora en Ciencia Política de Texas A&M University, ese mensaje marca un primer punto clave: reconocer que el país llega dividido a este nuevo momento político. A su juicio, la estrechez del resultado obliga al presidente electo a entender que una parte importante de la ciudadanía apoyó otra opción y también debe sentirse representada.

 

“Las primeras decisiones son, justamente, reconocer la diferencia y entender que esa mitad que votó por Iván Cepeda también debe tener un asiento dentro del Gobierno y del Estado, porque son ciudadanos que merecen ser representados”, señaló Méndez, investigadora principal de la Encuesta Mundial de Valores para Colombia.

 

Por eso, considera acertado que De la Espriella haya hecho un llamado a la calma y se haya dirigido a quienes no votaron por él. Sin embargo, advierte que las señales más importantes vendrán en los próximos días: el desarrollo del escrutinio, la conformación del comité de empalme y la integración de un equipo capaz de tender puentes con distintos sectores políticos y sociales.

Construir Estado sin empezar de cero

 

Para Yenny Andrea Celemín Caicedo, doctora en Derecho de la Universidad de los Andes, el nuevo gobierno tendrá el reto de pasar de la contienda electoral a la construcción institucional. En un escenario marcado por redes sociales, inmediatez y alta emocionalidad política, señala que gobernar exige dejar atrás parte de la confrontación y concentrarse en decisiones capaces de sostener acuerdos más amplios. “Cuando una política pública, independientemente de quién gobierne, demuestra que está generando cambios y que está siendo eficiente a la hora de solucionar los problemas que pretende resolver, un gobierno que quiera construir Estado debería reconocer esos avances y no empezar con borrón y cuenta nueva”, afirmó.

 

Para la profesora de la Facultad de Derecho, la diferencia entre políticas de Estado y políticas de gobierno resulta clave en este momento. Mientras las primeras buscan permanecer más allá de una administración, las segundas suelen responder al sello particular de quien gobierna. Por eso, advierte que empezar de cero cuando hay programas que funcionan puede tener un alto costo social y económico.

 

“Sí hay la posibilidad de reconocer, en medio de las diferencias, lo bueno que han hecho los antecesores, con procesos de continuidad y no simple y sencillamente de ruptura”, señaló.

 

Celemín también insiste en que la confianza en las instituciones se fortalece cuando el poder político respeta los límites establecidos por la Constitución y la ley. Esto incluye la división de poderes, la autonomía de la rama legislativa y judicial, y el respeto por los procedimientos que regulan las decisiones del Estado. Incluso medidas como reducir el tamaño del Estado, explica, tendrían que hacerse dentro del marco legal, con procesos claros y con garantías para quienes tienen derechos adquiridos en cargos de carrera administrativa. “Las acciones concretas implican respetar los marcos que la Constitución y la ley le dan al gobernante de turno para encauzar sus políticas de acuerdo con esos límites preestablecidos”, sostuvo.

 

Las múltiples Colombias del mapa electoral

 

El mapa electoral también deja ver diferencias territoriales profundas. Para Nathalie Méndez sorprende la coincidencia entre los territorios donde Iván Cepeda obtuvo mayor respaldo y aquellos que votaron por el Sí en el plebiscito por la paz de hace diez años. A su juicio, esa relación no es un hecho aislado, sino el resultado de una movilización política dirigida a comunidades, minorías y sectores históricamente excluidos. “Hay múltiples realidades en el país. Muchas veces las estrategias de campaña no coincidían con hablarle a todos los colombianos, porque hay múltiples Colombias en una sola”, afirmó Méndez.

 

En esa misma línea, Yenny Andrea Celemín señala que los resultados muestran una Colombia del centro, más preocupada por el crecimiento, el desarrollo económico y la mejora en indicadores de salud, educación, transporte y servicios básicos; y otra Colombia de las periferias, donde persisten necesidades más inmediatas relacionadas con mínimos de vida digna. Ese contraste, explica, obliga al próximo gobierno a entender que no todos los territorios tienen las mismas prioridades y que las zonas urbanas e industrializadas requieren respuestas distintas a las de regiones rurales, apartadas o marcadas por conflictos históricos como el acceso y la distribución de la tierra. “Este es un reto muy importante, porque lo que funcione para la zona central andina, industrializada y con gran presencia urbana, no necesariamente responde a las necesidades de las zonas más apartadas y rurales”, explicó.

 

Por eso, Celemín advierte que gobernar para todos también implica no acallar las demandas de las periferias, especialmente de aquellos territorios que respaldaron proyectos políticos con énfasis en la igualdad y que esperan ser tenidos en cuenta en el nuevo gobierno.

 

Esa fragmentación también se trasladará al escenario político nacional. El presidente electo tendrá que construir mayorías sólidas en el Congreso y reconocer que las distintas realidades territoriales no pueden abordarse con una sola respuesta.

 

En ese contexto, quienes no se sienten representados por la opción ganadora cuentan con una garantía central: las instituciones democráticas. Aunque no son perfectas, han dado señales de transparencia, han acompañado el proceso electoral y han demostrado capacidad de resistir distintos gobiernos, posturas y momentos políticos. “Las instituciones en Colombia han resistido diferentes periodos de gobierno, diferentes posturas y diferentes acciones. Confiar en ese sistema de pesos y contrapesos va a ser fundamental”, señaló Méndez. El papel de los organismos de control, del Congreso y de la oposición será clave para que las reglas de juego sean claras desde el comienzo y todos los ciudadanos, hayan votado o no por el presidente electo, se sientan protegidos dentro del orden constitucional.