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Diez generaciones para salir de la pobreza: el reto que espera al próximo gobierno

La movilidad social en Colombia está marcada por factores como educación, conflicto y criminalidad, además de profundas brechas territoriales. Políticas públicas sólidas en estos ámbitos son urgentes.

En Colombia, el destino de un niño sigue estando profundamente marcado por el hogar en el que nace, al punto de que una familia de escasos recursos podría tardar hasta diez generaciones en salir de la pobreza.  Ese fue el punto de partida del foro sobre movilidad social de Uniandes de Cara al País, donde los expertos advirtieron que, aunque el país avanza, lo hace a un ritmo demasiado lento para romper los ciclos de desigualdad que se heredan de generación en generación.

 

“De cada 100 niños que nacen en un hogar cuyos padres solo alcanzaron la primaria, apenas 11 ingresan a la educación superior”, explicó Sandra García, profesora de la Escuela de Gobierno. Recordó que la movilidad social mide cuánto depende el futuro de una persona de sus condiciones de origen —la llamada “lotería de la cuna”—. En una sociedad inmóvil, esas desigualdades se transmiten de padres a hijos.

 

Este progreso intergeneracional está determinado por múltiples condiciones. Una de ellas es la educación; otras son el conflicto armado, la criminalidad, las economías ilegales y, sobre todo, las enormes diferencias entre territorios. En algunos municipios, el tránsito hacia mejores condiciones socioeconómicas es relativamente alto, mientras que en otros —como en el litoral Pacífico— es prácticamente inexistente.

 

Además, los datos muestran que los municipios con altas tasas de homicidios, fuerte presencia de grupos armados y economías ilícitas registran niveles mucho más bajos de progreso. Estas dinámicas, según los expertos, deben ser prioridad para las políticas públicas de los próximos años.

Sandra García, profesora de la Escuela de Gobierno

“Uno de los mayores retos hacia el futuro es lograr que el lugar y el hogar donde nacen los niños no determine si podrán graduarse del bachillerato o ingresar a la educación superior”.
Sandra García.

Las barreras visibles e invisibles que frenan la movilidad

 

Leopoldo Fergusson, profesor de la Facultad de Economía, añadió un elemento menos visible, pero igualmente determinante: las brechas culturales que se reproducen en una sociedad altamente segregada por clase social. 

 

En un estudio realizado con 6.000 personas en Bogotá, Fergusson y su equipo mostraron cómo los códigos de clase influyen en la percepción de las personas. A los participantes se les presentaban perfiles idénticos en educación, ingresos y experiencia laboral, diferenciados únicamente por el acento en una nota de voz —lo que en Bogotá se conoce coloquialmente como hablar “gomelo” o “ñero”—. En todas las dimensiones —preferencia como jefe, colega, amigo o persona confiable— existía un claro premio hacia quienes sonaban “de clase alta”. 

 

Por su parte, Alejandra Corchuelo, gerente de Movilidad Social e Inclusión Productiva, profundizó en la conexión entre desigualdad, pobreza y territorio. “La desigualdad en Colombia es la acumulación de falta de acceso a oportunidades a lo largo de toda la vida”, afirmó. Ese déficit empieza en la primera infancia: hogares sin libros, sin acceso a información, sin bibliotecas ni espacios públicos. 

 

Corchuelo insistió en que el país necesita pensar en un enfoque integral. “Hay que empezar a ver cómo una política pública integral —que contemple educación, cambio cultural, una capacidad institucional mucho más fuerte y acceso equitativo a bienes públicos— se articula con nuevos modelos de crecimiento que sean realmente sostenibles en el tiempo”, señaló. 

 

El territorio, insistió, es determinante. Hay cuatro elementos críticos que marcan su destino: 

 

  1. Capacidad institucional: municipios capaces de formular y ejecutar políticas públicas acordes a sus necesidades. 

  2. Crecimiento económico: sin actividad productiva, las comunidades quedan atrapadas en ciclos de pobreza interna. 

  3. Conflictividad y violencia: en territorios en conflicto, las posibilidades de romper esos ciclos son mínimas. 

  4. Sostenibilidad ecosistémica: paradójicamente, los territorios con mayor desarrollo suelen ser aquellos con ecosistemas ya degradados, mientras que los más pobres son los que conservan mayor sostenibilidad ambiental. 

 

 

 

Alejandra Corchuelo, gerente de Movilidad Social e Inclusión Productiva.

“La conversación entre nación y territorio desde lo institucional se vuelve clave para que los programas pensados desde la interseccionalidad y la intersectorialidad funcionen”.
Alejandra Corchuelo.
Leopoldo Fergusson, profesor de la Facultad de Economía

“Tristemente, muchos estudian en colegios privados de baja calidad, en parte por una aspiración de segregarse para acercarse a otro grupo social, cuando en realidad el colegio público al que podrían acceder ofrece una educación de mejor calidad”.
Leopoldo Fergusson
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