¿Reducir la pobreza es sinónimo de mejor calidad de vida?
El Índice de Pobreza Multidimensional cayó a 9,9% en 2025, la cifra más baja desde 2010. Las diferencias entre la ciudad y el campo siguen reflejando profundas desigualdades estructurales.Menos pobreza, misma desigualdad
22 de cada 100 personas en zonas rurales son pobres multidimensionales. Sí, pobres multidimensionales revela el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en el más reciente informe de Pobreza Multidimensional.
El reporte salió a la luz el 14 de abril de 2026. No recopila únicamente datos de pobreza por ingresos, sino que analiza cómo vive la gente, más allá de cuánto gana.
Con esto en cuenta, surge una inquietud: ¿reducir la pobreza es sinónimo de mejor calidad de vida?
“El Índice (IPM) mide los requisitos mínimos de vida, las condiciones que permiten disfrutar de la existencia. Cuando una de ellas falla, se dificulta acceder a otras oportunidades esenciales. Por ejemplo: si no hay salud, no hay trabajo y se pierde el bienestar.”, explica Andrés Álvarez, profesor de economía y experto en movilidad social de la Universidad de los Andes.
Pero el Informe del DANE deja un sinsabor: Colombia logró reducir el IPM en cifras, pero no necesariamente en profundidad. Si bien durante el último año cerca de 800 mil personas superaron esta condición, 5,2 millones de ciudadanos siguen enfrentando día a día privaciones en educación, trabajo, salud y condiciones básicas de vida, especialmente en la ruralidad y en regiones periféricas como Amazonía-Orinoquía.
El informe, además, muestra diferencias abismales entre el campo y la ciudad. Aunque la ruralidad concentra menos población frente a grandes ciudades como Bogotá, proporcionalmente presenta más pobreza. Mientras en las zonas urbanas la pobreza multidimensional fue de 6,3%, en pueblos y campo abierto alcanzó 22,4%.
Álvarez indica que las regiones que históricamente presentan mayores niveles de pobreza reflejan las dificultades del Estado para llegar a ciertos territorios. “Aquellos lugares de Colombia que persistentemente tienen niveles elevados de pobreza multidimensional son un reflejo de la dificultad estatal de hacer presencia en lugares remotos, fuera de las zonas andinas y tradicionalmente urbanas”.
Esa ausencia también se traduce en problemas de infraestructura y conectividad en el campo. “La carencia de infraestructura vial dificulta el comercio, acceder al mercado laboral, llegar a hospitales o desplazar a los niños a la escuela”, comenta Álvarez, “A veces se piensa en poner una escuela, pero no en cómo van a llegar los niños”.
Ahora, el informe reveló que el problema principal no es la falta de recursos económicos, sino las barreras que limitan el acceso a educación y empleo. Estos dos factores son los que más afectan a casi todas las regiones del país, exceptuando Bogotá, donde trabajo (32,8%) y salud (24,1%) son las dimensiones de mayor incidencia.
La pobreza en Colombia es, sobre todo, un problema de oportunidades. 36,8% de los hogares presenta bajo logro educativo, es decir, adultos que no alcanzaron niveles básicos de formación como terminar el bachillerato. Además, 19,7% registra rezago escolar, lo que significa que muchos niños y jóvenes están atrasados en el curso que deberían estar estudiando para su edad. Estas condiciones reducen las posibilidades de acceder a empleos estables y mejorar la calidad de vida.
Es innegable que la reducción de la pobreza multidimensional es histórica. Sin embargo, el reto de mejorar la calidad de vida de los colombianos persiste. Aunque hay menos personas consideradas pobres multidimensionales, quienes siguen en esa condición continúan enfrentando profundas carencias, especialmente en las regiones rurales y periféricas del país. Las brechas entre el centro y la periferia siguen mostrando una Colombia donde el acceso al bienestar depende en gran medida del lugar en el que se nace.
- Esa realidad es precisamente la que retrata El juego de la vida, documental dirigido por Andrés Ruiz Zuluaga, que siguió durante 14 años la vida de cinco familias colombianas para mostrar cómo las desigualdades sociales, el territorio y las oportunidades terminan moldeando las trayectorias de vida de millones de personas en el país.