El fenómeno de El Niño: qué es y por qué preocupa a Colombia
En un contexto de cambio climático, El Niño en Colombia puede intensificar sequías, olas de calor y presiones sobre el agua, la energía y la salud. Expertas explican sus impactos y cómo prepararse.Colombia se prepara para enfrentar un nuevo fenómeno de El Niño en un contexto cada vez más complejo por el cambio climático.
Los primeros 13 días de mayo de 2026 estuvieron marcados por condiciones más cálidas de lo habitual en varias regiones del país y por una disminución de las precipitaciones. La región Caribe e Insular presentó calentamientos acelerados y condiciones asociadas a olas de calor. Entre los casos más representativos se encuentran Valledupar, que alcanzó 38,4 °C, con una anomalía de +4,2 °C frente a su promedio histórico; Santa Marta, con 37,2 °C y una anomalía de +4,0 °C; y San Andrés Islas, que llegó a 33,7 °C y superó su récord histórico de temperatura máxima, según datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
A este panorama se suma el inicio anticipado del fenómeno de El Niño, que, según reportes del Ideam, se presentó cerca de tres meses antes de lo previsto.
¿Qué tan preparados estamos, como ciudadanos y como país, para enfrentar un clima que ya no se comporta como antes?
Para Sandra Vilardy, doctora en Ecología y Medio Ambiente, este escenario no puede entenderse como un evento aislado ni como una amenaza lejana. Por el contrario, evidencia que los efectos del cambio climático ya se sienten en distintos lugares del mundo y empiezan a transformar la vida cotidiana. “Los ciudadanos tenemos que ser cada vez más conscientes de que necesitamos adaptarnos climáticamente. No deberíamos prepararnos únicamente para un Niño o una Niña, sino para una realidad en la que el clima ya cambió”, afirmó.
¿Qué es el fenómeno de El Niño y por qué preocupa?
El Niño es un fenómeno climático que empieza en el océano Pacífico, cuando sus aguas se calientan más de lo normal. Ese cambio altera las lluvias y las temperaturas en distintas regiones del mundo. En Colombia, suele asociarse con menos lluvia, más calor y mayor riesgo de sequías, incendios forestales y problemas en el abastecimiento de agua.
Según Sandra Vilardy, lo que preocupa hoy es que este fenómeno ocurre en un planeta más caliente. Por eso, sus efectos pueden sentirse con más fuerza y afectar sectores como la energía, la agricultura, la salud y los ecosistemas.
“Antes los Niños los veíamos con frecuencias de cada siete años. Ahora los estamos viendo con mayor cercanía: hace tres años tuvimos un Niño, que fue intenso. La frecuencia en el tiempo se ha acelerado y la incidencia espacial también ha aumentado”, señala.
Catalina González Arango, ingeniera forestal y magíster en Bosques y Conservación Ambiental, advierte que varios modelos apuntan a un evento muy fuerte, pero insiste en que todavía no es posible afirmar cuál será su intensidad definitiva. De igual manera, considera importante prepararse desde ahora. “Yo tomaría como referencia los más fuertes: el de 2023-2024 y el de 2015-2016; mirar qué pasó en Colombia en esas dos ventanas de tiempo y prepararnos con base en eso”, afirma. Para la experta, ese conocimiento acumulado debería servir para anticipar decisiones y reducir el riesgo de reaccionar tarde ante una posible crisis.
Agua, energía, salud y alimentos: los impactos que trae El Niño
Los efectos de El Niño no se limitan al aumento de la temperatura. “La experiencia muestra que durante El Niño puede haber escasez de agua, problemas energéticos, mayor probabilidad de incendios forestales, más olas de calor y riesgos en salud. Como sociedad llevamos mucho tiempo conviviendo con este fenómeno; el aprendizaje es no esperar a que esté en su pico más agudo para tomar medidas”, señala González.
Entre los principales impactos que podrían presentarse están:
- Menor disponibilidad de agua: la disminución de lluvias puede reducir los caudales de los ríos y presionar los sistemas de abastecimiento, especialmente en regiones más vulnerables a la sequía.
- Presión sobre el sistema energético: al depender en buena medida de la generación hidroeléctrica, una reducción en los niveles de agua puede afectar la seguridad energética del país.
- Mayor riesgo de incendios forestales: las altas temperaturas y la reducción de precipitaciones aumentan la probabilidad de incendios en zonas rurales, áreas protegidas y territorios con cobertura vegetal seca.
- Afectaciones en la producción de alimentos: el calor extremo y la falta de agua pueden impactar cultivos, ganado y cadenas de abastecimiento, con posibles efectos en los precios de los alimentos.
- Riesgos en salud pública: las olas de calor pueden afectar especialmente a niños, adultos mayores, personas con enfermedades cardiovasculares, trabajadores del agro y personas expuestas al sol durante largas jornadas.
- Aumento de enfermedades transmitidas por vectores: las condiciones climáticas pueden favorecer brotes de enfermedades como dengue, fiebre amarilla o chikunguña en zonas con mayor presencia de mosquitos.
Cómo actuar ante el fenómeno de El Niño
Para González Arango, el nuevo gobierno tendrá que asumir este tema como una prioridad desde el inicio de su mandato. Este escenario coincide con un momento de transición institucional y puede presionar sectores estratégicos como el abastecimiento de agua, la generación de energía, la producción de alimentos y la salud pública. “La economía colombiana depende en gran medida del agua y de la seguridad energética; por eso el nuevo gobierno no puede evadir esta responsabilidad”, advierte.
Entre las acciones que deberían ponerse en marcha están la activación de alertas tempranas, la planeación presupuestal para atender posibles emergencias, el fortalecimiento de los sistemas de salud, la prevención de incendios forestales y la protección de poblaciones vulnerables, especialmente niños, adultos mayores, campesinos y trabajadores expuestos al calor.
González Arango también insiste en que la respuesta institucional debe ser más rápida. Según explica, el país suele esperar varios meses de confirmación para declarar oficialmente la presencia de este evento climático y activar algunas decisiones. En un contexto de eventos cada vez más intensos, esa espera puede restarle tiempo valioso a la prevención. “Tenemos que actualizar la forma en la que respondemos. Necesitamos una respuesta más rápida y ser capaces de cambiar institucionalmente la manera en que hacemos las cosas”, señala.
Vilardy también plantea que la adaptación climática debe llegar a la formación profesional. Para ella, las universidades tienen el reto de preparar a los futuros profesionales para un clima que ya no es estable y que exige nuevas capacidades de respuesta.
González Arango, por su parte, insiste en la importancia de que el Gobierno tome decisiones basadas en evidencia científica frente a este tipo de crisis. "El conocimiento que producen las universidades y los centros de investigación debe servir para anticipar respuestas, activar medidas oportunas y reducir el riesgo de reaccionar tarde ante los impactos del fenómeno de El Niño”, afirma.