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A profundidad
09/06/2026

¿Qué tanto votamos los colombianos?

La llegada del próximo presidente de Colombia no solo depende de los candidatos: también de quienes decidieron no votar.

17 millones de colombianos se abstuvieron de votar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales 2026. Casi la misma población que representa a la de Bogotá, Atlántico y Antioquia juntas. 

 

La cantidad de personas que decidió no participar en una de las decisiones más importantes para el futuro del país se mantiene con respecto a los comicios de 2022.

 

Mientras toda la atención está puesta en los millones de votos que se disputan en la segunda vuelta, este 21 de junio, un bloque electoral podría resultar igual de decisivo: esos más de 17 millones que no votaron en primera.

 

La cifra equivale a cerca del 42 % de los ciudadanos habilitados para sufragar. Aunque la participación electoral alcanzó su nivel más alto en 24 años, una parte importante del país volvió a quedarse por fuera de las urnas. 

 

La segunda vuelta suele movilizar emociones más intensas, campañas más agresivas y debates más polarizados. Detrás, aparecen factores que se repiten una y otra vez: desinformación, violencia, dificultades económicas, falta de educación política y una creciente sensación de que votar no cambia nada.

Elecciones

Foto: AFP


Incluso si solo el 10 % de los abstencionistas cambiara de opinión y votara en la segunda vuelta, aparecerían más de 1,7 millones de votos nuevos: más de lo que obtuvo la campaña presidencial de Paloma Valencia.

¿Por qué tantos colombianos deciden no votar?

La respuesta no tiene un único culpable. Para Laura Wills, profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, la abstención es el resultado de múltiples factores que se cruzan entre sí.


"Las razones son variadas: no es obligatorio; desinterés; la idea de que un voto no cuenta; situaciones del contexto inmediato que impiden la votación —como violencia o dificultades para llegar al puesto—; y pocos recursos materiales y de educación".

Uno de esos factores es la educación. Según Wills, "las personas más educadas votan más y más informadas". Quienes conocen cómo funcionan las instituciones, cómo se toman las decisiones públicas y de qué manera estas afectan su vida cotidiana suelen encontrar más razones para acudir a las urnas.

 

Por el contrario, cuando la política se percibe como algo lejano o incomprensible, aumenta la sensación de que llegar a las urnas no tiene consecuencias reales.

 

Pero la educación no es el único elemento en juego. El entorno informativo también se ha transformado. De acuerdo con un reciente estudio, el 78 % de los colombianos estuvo expuesto a desinformación durante el último año y la mitad recibió contenidos falsos a través de plataformas de mensajería como WhatsApp o Telegram.

 

En plena campaña presidencial, las teorías de fraude se han convertido en uno de los contenidos políticos más compartidos en internet. Mensajes que afirman que "eso ya está arreglado" o que los resultados serán manipulados circulan incluso antes de que se abran las urnas.

 

Para Wills, el impacto de esas narrativas es evidente. "Es una narrativa nociva y posiblemente contaminante. Quienes no verifican información son probablemente más proclives a ser influidos por esos mensajes".

 

El fenómeno no es menor. Un análisis realizado por Dejusticia y Linterna Verde encontró que entre febrero y abril de 2026 el 63 % de las conversaciones digitales relacionadas con fraude electoral se concentró en la red social X.

 

Sin embargo, la abstención no solo se explica por lo que ocurre en internet.

 

En algunas regiones del país, votar sigue siendo una actividad atravesada por riesgos de seguridad. La Defensoría del Pueblo y la Misión de Observación Electoral registraron al menos 35 amenazas contra candidatos durante el proceso electoral de 2026, una cifra que convirtió esta campaña en una de las más violentas de los últimos ocho años.

 

Wills considera que ese contexto puede afectar directamente la participación. "La presencia de grupos ilegales puede explicar el abstencionismo de aquellos afectados directamente. Pero también puede haber votantes que votan presionados por candidatos apoyados por esos actores". 

 

En otras palabras, la violencia no solo puede impedir que algunas personas lleguen a las urnas. También puede alterar las condiciones en las que ejercen su derecho al voto, especialmente en territorios donde persisten amenazas o presiones de actores armados.

Elecciones

Foto: AFP


La diferencia entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda fue de cerca de 673.000 votos. Los abstencionistas superan esa cifra más de 25 veces.

¿Colombia está viviendo una crisis de legitimidad democrática?

La abstención electoral no es un fenómeno nuevo. Históricamente, en Colombia se ha mantenido entre el 45 % y el 60 %. Su punto más alto se registró en 2014, cuando el 60,8 % del electorado decidió no votar.

 

La mejora observada en 2026 muestra que más ciudadanos acudieron a las urnas, pero todavía está lejos de modificar una tendencia que acompaña al país desde hace décadas.

 

¿Significa eso que la democracia colombiana atraviesa una crisis profunda de legitimidad? Para Wills, la respuesta es compleja.


"En el país ha aumentado el desencanto con las instituciones y con la democracia, pero a diferencia de otros países, el nivel de apoyo sigue siendo alto. Eso no desconoce que haya riesgos, dadas las ambiciones autoritarias de algunos de sus líderes".

La profesora también insiste en una diferencia clave que suele perderse en el debate público. No todos los ciudadanos inconformes optan por la abstención.

 

"Hay quienes están desencantados con los partidos y los políticos, pero aun así deciden participar y votar en blanco. Esos votantes se diferencian de los abstencionistas en que creen en el sistema, en las instituciones".

 

De hecho, Wills prevé que el voto en blanco podría crecer durante la segunda vuelta. Eso significaría que una parte del electorado sigue buscando formas de expresar su inconformidad sin abandonar las urnas.

 

Los abstencionistas, en cambio, suelen cargar con razones distintas: desconfianza, dificultades materiales, desinformación, miedo o la sensación persistente de que ninguna opción representa sus intereses.

 

Por eso, la elección del 21 de junio pondrá a prueba mucho más que la capacidad de los candidatos para sumar apoyos. También mostrará si la democracia colombiana puede recuperar la confianza de millones de ciudadanos que llevan años observando las elecciones desde la distancia. El resultado no solo dependerá de quién gane la Presidencia, sino también de cuántos decidan volver a creer que su voto todavía importa.