Hablar de género para transformar el futuro
La Rodada Uniandina en Cartagena abrió una conversación sobre género y una pregunta sobre igualdad: ¿por qué hombres y mujeres siguen teniendo futuros tan distintos?En La Boquilla, un corregimiento de Cartagena, llegar a la universidad no siempre es parte del plan. Yanelis Orozco creció en un entorno donde, cuenta ella, para muchas personas el horizonte terminaba con el bachillerato. Después venían la pareja, los hijos y una nueva expectativa puesta en ellos.
¿Qué pasa cuando las ideas que aprendemos sobre lo que debemos ser, terminan marcando las posibilidades que imaginamos para nuestra propia vida? Fue una pregunta que Yanelis empezó a responder desde su propia historia.
“Vengo de una comunidad muy rica en cultura, en gastronomía. Sin embargo, no era tan común acceder a la educación superior. El plan de vida de la mayoría de las personas era tener pareja, tener hijos y luego colocar su esperanza de vida en los niños. Voy a criarlo y le voy a dar educación para ver si él nos saca adelante”.
Su historia permite mirar de cerca una realidad que también aparece en las cifras de Cartagena: las oportunidades y responsabilidades están distribuidas de manera diferente entre hombres y mujeres.
El 35,7 % de las mujeres tiene como actividad principal los oficios del hogar. Entre los hombres, la proporción es de apenas 3,7 %, según la Defensoría del Pueblo. Es una diferencia de casi diez puntos porcentuales.
La distancia también aparece cuando llega la hora de buscar trabajo. En 2025, el desempleo juvenil femenino llegó al 26,3 %, frente al 16,8 % entre los hombres jóvenes. Y en el comercio informal, los ingresos promedio reportados fueron de $517.831 para las mujeres y $1.074.586 para los hombres.
Estos datos muestran distintas dimensiones de una misma brecha: quién trabaja fuera de casa, quién asume las labores del hogar y cuánto recibe quien tiene un empleo.
La educación permite mirar otra parte del problema. En Colombia, el 53,4 % de los estudiantes matriculados en educación superior son mujeres, según las cifras más recientes del Ministerio de Educación. En Cartagena, sin embargo, persiste una percepción de mayores dificultades para incorporarse al mercado laboral: el 69 % de las mujeres en la Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 de Cartagena Cómo Vamos dijo estar en desacuerdo con que sea fácil encontrar empleo. Solo el 57 % de los hombres lo percibe igual.
El tiempo dedicado al cuidado completa el panorama. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024-2025 del DANE, en la región Caribe el 91,6 % de las mujeres realiza trabajo no remunerado, frente al 57,6 % de los hombres. Las mujeres que lo hacen le dedican, en promedio, 7 horas y 53 minutos diarios; los hombres, 2 horas y 49 minutos.
Así, la pregunta por las oportunidades también pasa por el tiempo disponible, las responsabilidades que se asumen dentro del hogar y las decisiones que cada persona puede tomar sobre su futuro.
¿Cómo se forman los estereotipos de género desde la infancia?
La historia cultural ofrece algunas pistas. Carolina Alzate, profesora de la Facultad de Artes y del Departamento de Literatura de la Universidad de los Andes, ha trabajado sobre cómo las ideas sobre lo masculino y lo femenino se construyen y se reproducen en distintos momentos históricos.
Las imágenes, los discursos y los referentes cambian; algunas representaciones permanecen, mientras que otras son cuestionadas. Esa mirada permite llevar la discusión a espacios cotidianos, como los libros que leen los niños, las imágenes que consumen, los personajes que aparecen como referentes o las profesiones que se presentan como posibles.
“El tema es mirar cómo se han descrito los cuerpos de hombres y mujeres, porque la modernidad los ha representado de manera contradictoria: como todo lo que uno es, el otro no lo es. La idea es recorrer ese camino hasta llegar a cómo se representa hoy el género y ofrecer materiales que puedan ser útiles para los profesores en las aulas de clase”, explicó Alzate.
Esa conversación llegó a Cartagena con la primera Rodada Uniandina, una jornada realizada con el Colectivo Traso que reunió a 24 docentes de siete colegios oficiales y 19 jóvenes beneficiarias de Becas Boomerang.
Allí, la discusión tomó formas concretas: reconocer qué es un estereotipo y cómo se manifiesta en las historias, en el lenguaje y en las expectativas sobre el futuro.
Candelaria Meza, docente de segundo grado de la Institución Educativa Madre Gabriela de San Martín, entendió durante el encuentro que esta es una tarea que debe comenzar a temprana edad: “Comprendí la importancia de trabajar la equidad de género desde la primera infancia, la posibilidad que tenemos nosotros a través de nuestras historias, nuestros cuentos y que los niños puedan expresarse”.
La idea, además, era “que las mujeres y los hombres se empoderarán de nuevos términos, nuevos conceptos y nuevas formas de ver la vida. Eso es lo que va a permitir en realidad una transformación social”, afirmó Yesenia Lara, psicóloga del Colectivo Traso.
La violencia muestra por qué algunas de estas conversaciones adquieren otra dimensión. En 2024, Cartagena registró 1.347 casos de violencia basada en género reportados por el Sivigila, el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública, con corte a octubre. Aunque fueron 11,7 % menos que en 2023, la Alcaldía advierte que cerca del 70 % de las víctimas no denuncian.
Ese mismo año, Medicina Legal practicó 416 exámenes médico-legales por presunto delito sexual en la ciudad. El 89 % correspondió a mujeres y, entre ellas, el 50,9 % tenía entre 12 y 17 años, una edad en la que por lo general todavía se cursa el bachillerato.
Las cifras sitúan la conversación en un contexto concreto donde niñas y mujeres enfrentan situaciones de violencia que hacen parte de las realidades que las instituciones educativas y las comunidades deben abordar.
Para quienes trabajan desde la educación, la discusión implica ampliar las posibilidades con las que cada persona construye su identidad y su proyecto de vida.
En ese punto, la historia de Yanelis vuelve a tomar relevancia: encontrar una oportunidad educativa significó ampliar el horizonte de lo que ella y su familia podían imaginar.
¿Qué cambia cuando las mujeres jóvenes acceden a educación superior y empleo?
En el caso de Yanelis, estudiar significó modificar una expectativa familiar que parecía inalcanzable.
Becas Boomerang, programa del Colectivo Traso, ha beneficiado a más de 1.000 jóvenes de Cartagena. El 95 % de ellos es la primera generación de su familia en llegar a la educación superior y entre los egresados recientes, el 56 % son mujeres.
Para Yanelis, la oportunidad no terminó en su propio recorrido. “Mi objetivo era claro: ‘Lo único que sé es que tengo que estudiar’. En tantas puertas que toqué, al final se abrió una. No fue necesario que yo saliera a buscarla. Llegó a mi colegio”.
“Con el tiempo entendí que aunque nadie me habló a mí, yo sí debía hablarles a otros. Hoy en día, todas mis hermanas son profesionales”, agregó.
La experiencia muestra cómo una oportunidad educativa puede extenderse dentro de una familia y modificar las expectativas sobre lo que viene después. Andrés Ham, profesor de la Facultad de Economía de Los Andes, resume experiencias como estas así: “Es fundamental hablar de normas sociales para que se den cuenta de que lo que han logrado es muy impresionante y de que su voz puede hacer que otras personas crean que eso también es posible”.
Sin embargo, el desafío continúa cuando llega el mercado laboral. Estudiar abre oportunidades, pero las condiciones en las que se desarrolla el trabajo también están relacionadas con el tiempo disponible, las responsabilidades de cuidado y las posibilidades de construir autonomía económica.
Por eso, las conversaciones sobre educación y género durante la Rodada también incorporan herramientas para el mundo laboral: negociar un salario, prepararse para una entrevista, identificar situaciones inequitativas y reconocer las condiciones que pueden limitar un proyecto profesional.
Cartagena ha llevado parte de estas discusiones a la política pública. La iniciativa Mujeres y Equidad de Género fue aprobada el 25 de noviembre de 2024, después de un proceso de formulación en el que participaron más de 2.200 mujeres.
La hoja de ruta contempla 32 productos relacionados con educación, empleo, cuidado, autonomía económica y prevención de violencias. Entre ellos están un Sistema Distrital de Cuidado, un centro de inserción laboral para mujeres y un programa de educación para la sexualidad y construcción de ciudadanía en instituciones educativas públicas.
La implementación de estas medidas abre un nuevo periodo de observación. Los próximos años permitirán ver cómo evolucionan indicadores como el acceso al empleo, la distribución del cuidado, la violencia basada en género y las oportunidades educativas.
En La Boquilla, Yanelis encontró una puerta hacia la educación superior y decidió atravesarla. Su historia muestra que las expectativas sobre lo que vendrá pueden convertirse en una posibilidad para quienes vienen detrás.
El reto ahora es que las preguntas que aparecen en un aula puedan acompañar a quienes salen de ella: ¿qué quiero estudiar?, ¿qué trabajo quiero tener?, ¿cuánto tiempo quiero dedicar al cuidado?, ¿qué posibilidades considero para mi vida?
Cartagena ya tiene esa conversación en sus escuelas, en sus familias, en sus organizaciones y en sus políticas públicas. La Rodada Uniandina fue uno de esos espacios.
Son preguntas aparentemente individuales. Pero cuando una comunidad empieza a hacérselas en conjunto, también puede empezar a cambiar el mapa de los futuros que considera posibles.
para su primera jornada en Cartagena, la Universidad se alió con el Colectivo Traso, organización con trabajo en la región y líder del programa Becas Boomerang. El encuentro se realizó en la Institución Educativa Madre Gabriela de San Martín, en el barrio Olaya Herrera.
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