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A profundidad
28/05/2026

Estudiar después de los 40: cambiar de carrera para cumplir un sueño

Veintisiete años después de su grado como administradora, Martha Echeverry decidió volver a hacer un pregrado para cumplir un sueño pendiente: estudiar Psicología y darle un nuevo sentido a su vida.

A los 51 años, Martha María Echeverri se graduó como psicóloga. 

 

El día de su grado en el Movistar Arena, Martha estaba sentada con otros 603 graduandos mientras la Rectora, Raquel Bernal, destacaba en su discurso que el graduando más joven tenía 20 años. 

 

Para algunos de ellos, ese momento marcaba el comienzo de su vida profesional. Ella, en cambio, vivía la emoción de quien vuelve a empezar después de haber recorrido otros caminos: 27 años antes se había graduado como administradora financiera en la Universidad EAFIT y, desde entonces, había construido una carrera consolidada en altos cargos directivos.

 

A Martha María Echeverry siempre le ha gustado estudiar. Conocer cosas nuevas. Ya tenía una especialización en Mercadeo, un Executive MBA y varios programas de formación en liderazgo y gestión empresarial. Aprender, para ella, ha sido una manera de mantenerse actualizada. Dice que ese interés viene, en buena parte, de sus padres y, especialmente, de Estela, su mamá que también es psicóloga: “Ella me ha enseñado a ver la vida con otros ojos, a preguntarme por el sentido de las cosas y a buscar siempre la esencia del ser humano”.

 

En general, su vida se ha salido de los moldes. Se casó a los 18 con Alexander, su pareja y padre de sus cuatro hijos: Paula, María Alejandra, Samuel y Juan Diego. Mientras construían una familia, Martha también avanzaba en su vida profesional. A los 23 años ocupó su primer cargo directivo como subgerente comercial en una empresa de gas en el Meta. Desde entonces, combinó la maternidad, el estudio y el trabajo con una disciplina que la llevó a construir una trayectoria corporativa de más de 25 años.

 

Durante ese camino cosechó logros, reconocimientos y estabilidad. Podría decirse que tenía una vida exitosa y, para muchos, envidiable: una carrera consolidada, una familia, experiencia y oportunidades. Sin embargo, cerca de los 40 años una pregunta empezó a retumbar en su cabeza: "¿Qué quiero hacer con la siguiente mitad de mi vida?", recuerda durante esta entrevista en su oficina de la Universidad de los Andes, en donde ocupa el cargo de gerente de Bienestar y Propósito. 

 

La respuesta apareció en aquello que más disfrutaba de su trabajo: conversar con la gente, mirarlas a los ojos, escuchar sus historias y dejar una huella en ellas. 

 

Y así le apostó a hacer una nueva carrera: psicología.

 Martha Echeverry Uniandes

Martha eligió la opción en Neurociencias para profundizar en el estudio del comportamiento humano.

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¿Cómo es hacer un pregrado a los 46 años?

 

Cuando Martha contó que quería volver a la universidad para estudiar, hubo diferentes reacciones: muchos recibieron la noticia con cariño, otros se sorprendieron. Y a otros más les pareció raro: ¿para qué empezar de nuevo? Incluso, algunos le sugerían tomar un camino más corto: una especialización, una maestría o algún programa relacionado con psicología.

 

Pero Martha quería formarse desde la base y vivir completa esa decisión. 

 

Volver al salón de clase fue, en principio, una escena curiosa. Llegaba a los salones con estudiantes recién graduados del colegio, se sentaba con ellos a hacer trabajos, preparaban exposiciones, presentaban parciales y ella volvía a esa rutina juvenil que despierta la universidad. “Varias veces me confundieron con la profesora. Quienes alistaban el salón me decían: ‘Profe, ya quedó listo’. Yo me reía, pero no daba explicaciones". Siempre lo tomaba con humor. 

 

Poco a poco, dejó de ser la cara distinta en el salón. Sus compañeros la llamaban ‘Martica’. Su experiencia se notaba cuando el trabajo era en grupo, era ella quien organizaba tareas, proponía fechas, hacía seguimiento y ayudaba a que todos cumplieran. “Antes de sentir miedo, me contagié de su alegría, de su emoción y de esa forma distinta que tienen los jóvenes de ver la vida. Para mí fue una experiencia absolutamente valiosa”.

 

También hubo una maravillosa coincidencia: compartir universidad con Samuel, uno de sus hijos, estudiante de Ingeniería Biomédica. Sus conversaciones, entonces, giraron en torno a comparar horarios, hablaban de sus profesores y comentaban cómo les iba en clase. 

 

La práctica clínica la hizo en el área de Psiquiatría Infantil de la Fundación Santa Fe. Allí trabajó con niños, adolescentes y familias que atravesaban situaciones difíciles, especialmente relacionadas con trastornos de la conducta alimentaria. “Esa práctica me confirmó que esto era lo que yo quería: ayudar a una persona a encontrar que la vida vale la pena, incluso en medio de las dificultades”. 

 

Su esfuerzo dio frutos. Lo supo cuando recibió el título de psicóloga en la ceremonia de grados, en abril de 2026: llena de nervios y con el corazón a tope. “Todo valió la pena cuando vi las sonrisas de orgullo y admiración de mis cuatro hijos y de mi esposo, quienes fueron indispensables para que yo alcanzara este logro y, sobre todo, para que cumpliera un sueño más en mi vida”, recuerda.

 

Martha está convencida de que la vida está más allá del miedo y de que siempre es posible volver a estudiar, empezar de nuevo y elegir otro camino, una y mil veces, a lo largo de la vida.

Martha el día de su graduación

Su familia fue parte fundamental del camino que la llevó a graduarse como psicóloga.