La geopolítica redefine la ciencia: ¿cómo fortalecerla en Colombia?
La diplomacia científica y las alianzas de largo plazo serán claves para que Colombia gane protagonismo en la investigación global.Aunque la ciencia nunca ha estado completamente al margen de la política, el escenario internacional está haciendo que esa relación sea más evidente que nunca. La competencia tecnológica entre potencias, los cambios en las prioridades de cooperación internacional y la reducción de recursos para la investigación modifica las reglas bajo las cuales universidades, gobiernos y centros de investigación construyen conocimiento.
Según el informe OECD Science, Technology and Innovation Outlook 2025, que analiza las principales tendencias de la política científica en los países de la OCDE, la cooperación internacional en esta materia atraviesa una reconfiguración impulsada por preocupaciones de seguridad, resiliencia y soberanía tecnológica, lo que lleva a muchos países a replantear sus alianzas de investigación y sus estrategias de innovación.
¿Cómo aprovechar este nuevo escenario para fortalecer sus propias capacidades y construir nuevas formas de colaboración? Para Colombia, el desafío adicional consiste en consolidarse como un país capaz de producir conocimiento con impacto global.
Ese fue el eje de discusión del panel Cooperación científica en tiempos de cambios (geo)políticos organizado por la Universidad de los Andes, donde representantes de la academia, organismos internacionales y el sector público analizaron las oportunidades que abre el nuevo mapa geopolítico para América Latina.
"Cambiar es un imperativo, aunque no es fácil: requiere transformación cultural, liderazgo y valentía para tomar decisiones difíciles y una comunidad cohesionada alrededor de un propósito. Debemos cambiar para seguir cumpliendo nuestra misión con los estudiantes, proteger la democracia y ser motores de desarrollo social",
Raquel Bernal, rectora de la Universidad de los Andes.
¿Cómo está cambiando la geopolítica la cooperación científica internacional?
Por décadas, la cooperación científica se construyó sobre la idea de que el conocimiento podía circular al margen de las tensiones políticas. Hoy ese panorama es diferente. Las decisiones sobre qué proyectos se financian, qué investigadores pueden colaborar y qué agendas científicas reciben apoyo están cada vez más atravesadas por intereses estratégicos de los estados.
Joybrato Mukherjee, presidente del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), explicó que la pandemia, la invasión rusa a Ucrania y los cambios en la política internacional de Estados Unidos obligaron a replantear la manera en que instituciones dedicadas a la cooperación científica internacional conciben sus vínculos.
"Lo que hacemos en el DAAD, y creo que esto aplica para todos los que trabajamos en diplomacia científica internacional, es basarnos en la construcción de confianza a largo plazo, en una relación en la que ambas partes ganan".
Ese cambio de contexto tiene consecuencias concretas para instituciones que dependen de dicha cooperación. La disminución de recursos provenientes de algunos programas de financiación y las nuevas prioridades de política exterior obligan a diversificar las fuentes de apoyo y construir alianzas más resilientes.
Como señaló durante el panel Stefan Peters, director del Instituto Colombo-Alemán para la Paz, hoy existen "más problemas, más necesidades y menos recursos", una realidad que exige nuevas formas de colaboración entre universidades, gobiernos y organismos internacionales.
Sin embargo, los expertos coincidieron en que estas transformaciones no deben entenderse únicamente como una amenaza. También abren una ventana para que países de renta media, como Colombia, ocupen un lugar más relevante dentro de las redes internacionales de investigación.
La discusión dejó claro que la cooperación científica ya no puede reducirse al intercambio de investigadores o al acceso a recursos financieros. Se trata, cada vez más, de construir relaciones de largo plazo entre instituciones capaces de generar conocimiento útil para enfrentar problemas compartidos. En palabras de Peters, "son estas redes las más resilientes".
Esa idea resulta especialmente relevante para América Latina. Mientras las grandes potencias redefinen sus socios estratégicos, la región puede fortalecer su capacidad de incidencia si actúa de manera coordinada y aprovecha las fortalezas científicas que ya posee.
Más que adaptarse a un nuevo orden mundial, el reto consiste en participar activamente en su construcción desde el conocimiento.
"Hay que salir de la zona de confort, entender el lado contrario y no descalificar. Eso hace parte de nuestro entrenamiento como demócratas y ciudadanos. Debemos promover espacios para que estudiantes e investigadores conozcan perspectivas distintas y cultiven activamente el diálogo incómodo, ampliando la forma en que encaramos los retos",
Angelika Rettberg, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de Los Andes.
¿Qué puede aportar Colombia a la ciencia en este nuevo escenario?
La reconfiguración de la cooperación científica también plantea una oportunidad para que Colombia fortalezca su papel como productor de conocimiento. En lugar de limitarse a recibir recursos o replicar agendas definidas desde otros países, el reto es construir capacidades propias y convertir la experiencia nacional en un aporte para responder a problemas globales.
Ese cambio de perspectiva implica reconocer que muchos de los desafíos que enfrenta el país —desde la construcción de paz hasta la conservación de la biodiversidad o la adaptación al cambio climático— generan aprendizajes que pueden ser útiles en otros contextos. La decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Angelika Rettberg, llamó la atención sobre la necesidad de superar una visión en la que los países del sur solo aportan casos de estudio: "El sur global no solamente debería estar produciendo ejemplos interesantes para que se apliquen teorías del norte, sino que debería consolidarse como productor de conocimiento conceptual".
Sobre este punto, Raquel Bernal advirtió que las universidades deben demostrar con mayor claridad el valor público del conocimiento que producen. "Tenemos que hacer una mejor tarea de generar y visibilizar el valor social que aportamos a los países que habitamos". De esta manera, la investigación no permanecería únicamente en publicaciones académicas, sino que contribuiría a resolver problemas concretos y fortalecer la confianza ciudadana en la ciencia.
La discusión también dejó sobre la mesa un desafío interno. Para que el país tenga una voz más influyente en la ciencia internacional, no basta con fortalecer las alianzas externas: también es necesario consolidar una política científica sostenida, con financiación estable y mecanismos que permitan traducir el conocimiento en decisiones públicas.
En un mundo donde la geopolítica redefine las reglas de la cooperación científica, la ventaja ya no dependerá únicamente del tamaño de las economías o de la capacidad de inversión.
Para Colombia, ese escenario representa una oportunidad para consolidarse no solo como un socio estratégico, sino como un país capaz de aportar soluciones y producir conocimiento con impacto global.
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