El arte de crear nuevas criaturas
Jonathan Torres crea criaturas mecánicas con materiales naturales que vuelven al ecosistema al degradarse. El artista será parte de Pabellón, encuentro internacional de arte, diseño y arquitectura en Los Andes.
Una máquina suele construirse para durar. Para resistir el uso, sobrevivir al tiempo y, en muchos casos, ser reemplazada por otra cuando deja de funcionar. Jonathan Torres, licenciado en artes plásticas y docente en la Universidad de Costa Rica, propone exactamente lo contrario: construye máquinas cuya muerte comienza a pensarse desde el momento que las crea.
Se trata de Máquinas Salvajes, un proyecto artístico que ha desarrollado en distintas series inspiradas en ecosistemas de Costa Rica y cuyas formas simulan insectos, crustáceos y otros organismos acuáticos, a través de cuerpos articulados con estructuras mecánicas que les dan movimiento.
“Voy a los bosques y extraigo arcillas, maderas, semillas, sustancias como resinas, clorofila, pigmentos. A partir de esa investigación genero una especie de robótica: diseño seres ficticios mecánicos, creados a partir de los materiales investigados en esos ecosistemas”, explica.
Jonathan Torres hablará de su obra en Pabellón, un evento internacional de la Facultad de Arquitecutra y Diseño de la Universidad de los Andes, que se realizará el 7, 8 y 9 de octubre y reunirá proyectos, investigaciones y conversaciones alrededor del arte, el diseño, la arquitectura, las humanidades y otras disciplinas creativas.
Algunas de sus piezas están pensadas para transformarse cuando entran en contacto con el entorno. En el agua, por ejemplo, pueden flotar entre peces y comenzar a degradarse hasta reintegrarse al ecosistema. En ciertos casos, incluso se convierten en alimento para los animales. Una de ellas, cuenta Torres, desapareció en minutos tras ser consumida por los peces. La intención no es fabricar un objeto capaz de resistir el paso del tiempo, sino uno cuya desaparición haga parte de su funcionamiento.
Por eso, Torres también experimenta con materiales como almidones de papa, aguacate, yuca o algas, que pueden combinarse para obtener distintas densidades y resistencias. Con estos materiales produce láminas rígidas, similares al acrílico, y superficies delgadas y flexibles, que le permiten construir organismos artificiales capaces de moverse y habitar temporalmente un paisaje antes de volver a integrarse a él.
Otra de sus piezas parece una medusa suspendida en el agua. Su cuerpo translúcido y las luces que la atraviesan le dan la apariencia de una criatura surgida de las profundidades del océano.
En las imágenes de su obra, esas formas mecánicas parecen confundirse con el mundo que las rodea. Y quizá allí está una de las mayores curiosidades de su propuesta: frente a esas pequeñas criaturas en movimiento no siempre resulta fácil saber qué se está viendo. “No se entiende muy bien hasta qué punto es máquina o hasta qué punto es ser vivo”, dice Torres.
De ahí nace una parte esencial de su trabajo: no imitar un animal concreto, sino observar cómo funciona la naturaleza y traducir algunas de sus estrategias a objetos mecánicos. Sus formas recuerdan por momentos a insectos, semillas o pequeños organismos, pero no buscan reproducirlos de manera exacta. “Yo no recreo ningún ser vivo en particular. Lo que hago es basarme en ellos”, dice.
Esa búsqueda también transforma la manera en la que Torres entiende la mecánica. En lugar de recurrir únicamente a mecanismos rígidos y convencionales, explora movimientos inspirados en estructuras y comportamientos biológicos.
En 2023, Máquinas Salvajes ganó el Premio CIFO-Ars Electronica, uno de los reconocimientos más importantes del mundo en arte, ciencia y tecnología.
Máquinas biodegradables creadas con materiales biológicos recolectados en ecosistemas de Costa Rica, donde son instaladas nuevamente para registrar su degradación y reintegración al entorno.
Una vez terminadas, algunas piezas son instaladas en los ecosistemas que las inspiraron, donde comienzan a transformarse, degradarse y reintegrarse al entorno.
El proceso combina observación, experimentación con materiales y un trabajo artesanal minucioso: varias de las piezas son cortadas, talladas o tejidas a mano, mientras que la tecnología se reduce a lo esencial, como un pequeño motor y una fuente de energía que permiten generar movimiento. “Hay una exploración mecánica que tiene que ver con biomimética. La mecánica tradicional ya no es la que se utiliza en el proyecto, sino una mecánica más bioinspirada”.
La intención es que, cuando la pieza sea llevada nuevamente al bosque, pueda integrarse al entorno sin dejar una huella permanente. “La electrónica es mínima. Dejo solamente un motor como fuente de energía. Es prácticamente lo único que no es biodegradable, precisamente porque la idea es no dejar restos o la menor cantidad de restos posibles que pudieran ser contaminantes, para luego poder retirarlos”, señala.
Entonces, la obra deja de depender solamente de las manos del artista. La humedad, los microorganismos, los insectos, los peces y el paso del tiempo también intervienen. Una pieza puede deformarse, romperse, ser comida o simplemente desaparecer.
El artista compartirá su obra en Pabellón y parte del proceso de investigación que hay detrás de ella, una exploración en la que los materiales naturales, la tecnología y la imaginación se encuentran para cuestionar la forma en que entendemos nuestra relación con los ecosistemas y con aquello que construimos.
Entre insecto y máquina, esta pieza de Máquinas Salvajes combina un cuerpo articulado con finas estructuras que evocan patas y antenas.
Acerca de Pabellón
Pabellón es un evento internacional de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes que reúne en Bogotá proyectos, investigaciones y conversaciones alrededor del arte, el diseño, la arquitectura, las humanidades y otras disciplinas creativas. Su programación incluye exposiciones, conferencias con invitados nacionales e internacionales, ponencias, performances y otras actividades orientadas a fortalecer el ecosistema creativo.