Dejar Huella 2026: quienes construyen el impacto de Uniandes
En Dejar Huella 2026, Uniandes reconoció 32 historias de impacto, y a las manos invisibles que las hacen posibles cada día. Un reconocimiento a la influencia deliberada en la construcción de país, al trabajo colaborativo, la innovación y el compromiso social que caracterizan a la comunidad uniandina.Si se pudiera ver con luz infrarroja un cubo Rubik después de resolverse, aparecerían decenas de huellas dactilares superpuestas: el rastro de cada dedo que, en armonía con una mente, participó en encontrar la solución. Esa fue la imagen con la que la vicerrectora Jimena Hurtado Prieto abrió la ceremonia de los Reconocimientos Dejar Huella 2026, y no fue una metáfora casual. Fue, de hecho, el objeto físico que cada ganador se llevó a casa: un premio diseñado y producido en material compuesto sostenible por el equipo de la profesora Alicia Porras, impreso en 3D, con el trabajo colectivo, tal como todo lo que en esta noche se celebraba.
Dejar Huella es un reconocimiento a la influencia deliberada en la construcción de país, al trabajo colaborativo, la innovación y el compromiso social que caracterizan a la comunidad uniandina. Cualquier persona de la comunidad, estudiantes, profesores, empleados o egresados, puede postular un proyecto o a una persona, Es, en ese sentido, un ejercicio colectivo desde su origen.
"En el cubo Rubik, como en la vida, en las personas se refleja el trabajo y la constancia para solucionar los desafíos a los que nos enfrentamos y que dejan huella."
Jimena Hurtado Prieto, vicerrectora de Investigación y Creación
Reconocimientos Dejar Huella 2026.
Tres categorías, treinta y dos historias
La convocatoria 2026 evaluó postulaciones en tres categorías, con dos procesos según su naturaleza: para los Proyectos de Impacto y las Iniciativas estudiantiles, un formulario detallando objetivos, productos y evidencia de impacto; para Toda una vida, un texto construido por quien postula, reconstruyendo trayectoria e impacto de la persona postulada. Un comité interdisciplinar, presidido por la Vicerrectoría de Investigación y Creación e integrado por representantes del Comité de Rectoría, el Consejo Académico, profesores, estudiantes y, en esta ocasión, alguien reconocido por dejar huella en la edición anterior, evaluó cada postulación.
En total, la convocatoria 2026 recibió 32 postulaciones en sus tres categorías, de las cuales 13 llegaron a la fase de nominación pública y 4 recibieron el reconocimiento final. Además de quienes fueron nominados, la convocatoria contó con las postulaciones de otros proyectos, personas e inicitativas: Finanzas Inteligentes, DUAL-TECH Bogotá, el Proyecto de Monitoreo Ciudadano a Recursos Hídricos, una iniciativa de detección de enfermedades transmitidas por vectores en zonas rurales, Semillas del Futuro, la Clínica Jurídica para Migrantes, la Microcredencial en Agronegocios Sostenibles, una investigación sobre trauma intergeneracional en comunidades desplazadas, El futuro de los Derechos Humanos en la Era Digital y Formar médicos que cuidan, Tomás Antolínez Cuadros y Sara Lucía Garnica Rosas, A los Andes en Bici, Full Avante Proa al Éxito, La Vaca Lectora, Entre Sopas y Letras, un proyecto de archivo sobre León de Greiff y LUCHA Educación. Detrás de cada una de esas 32 postulaciones hay una historia de un estudiante, un profesor, un egresado, que decidió tomarse el tiempo de contar el impacto de otro. 32 veces alguien miró el trabajo de otra persona o el suyo propio, y pensó que merecía ser contado, y claro que merece ser contado y celebrado. Nos muestra, cada uno de ellos, todas las maneras en que nuestra comunidad deja huella.
Proyectos de impacto reconoció iniciativas de investigación, creación, docencia o desarrollo institucional que enfrentan retos estructurales mediante el trabajo en red. Fueron seleccionados en la recta final Congreso Visible, el Observatorio de Vacunación, TREES, No estás solx y el Proyecto JURUI, estos dos últimos, finalmente, ganadores por impacto interno y externo respectivamente.
No estás solx, liderado por la profesora Marcela Hernández Hoyos y construido por una comunidad de estudiantes de pregrado y maestría de Ingeniería,muchos de los cuales siguieron vinculados incluso después de graduarse, es hoy el punto de referencia digital de cerca de 56.000 estudiantes activos, con cerca de 1.000 conexiones diarias entre ellos y su red de apoyo institucional. Al recibir el reconocimiento, Hernández Hoyos agradeció destacando algo que es, quizás, el corazón mismo del proyecto: que fue construido por estudiantes, para sus propios pares, y que verlo reconocido es una forma de retribuirle a la universidad que la formó.
JURUI, liderado por Alicia Porras, Óscar Álvarez y Alejandro Marañón León, con participación de la Facultad de Arquitectura y Diseño y en alianza con la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, transforma los subproductos del procesamiento del marañón, como su coraza, en materiales, empaques y bioplastificantes sostenibles en el departamento del Vichada. La tecnología semiautomatizada que el equipo desarrolló multiplicó por diez los ingresos de los productores locales, que antes extraían la almendra manualmente. Porras agradeció en nombre de un equipo multidisciplinario de más de 25 investigadores, y dedicó buena parte de su intervención a algo que casi nunca se dice en voz alta: el reconocimiento al apoyo invisible de las oficinas administrativas que hicieron posible la gestión del proyecto. Esa frase, sin que ella lo supiera, anticipó el cierre de la noche.
Toda una vida rindió homenaje a la trayectoria de un miembro de la comunidad cuyo quehacer haya marcado el devenir de la Universidad. Fueron nominados para la última etapa de evaluación Margarita Gómez, Juny Montoya Vargas y Luis Jorge Hernández Flórez, junto con la ganadora: Carolina Alzate Cadavid, profesora titular del Departamento de Literatura, reconocida por más de 25 años dedicados al rescate y la visibilización de la escritura de mujeres colombianas del siglo XIX. Al recibir el premio, visiblemente conmovida, Alzate habló de cómo su carrera, muy académica en principio, fue derivando hacia el trabajo con comunidades, y de la nostalgia de sentir que su ciclo en la Universidad se acerca a su cierre, sin que eso apague su entusiasmo por seguir aportando desde otros espacios.
Iniciativa estudiantil premió proyectos liderados por estudiantes con impacto transformador verificable. Compitieron Youth Corps Andes, CERES Robotics y la Sociedad de Debate Uniandina, junto con la ganadora: Impacto Social Colombia, fundada en 2018 por David Flores, Carlos Castro y Camila Jiménez. Sus representantes dedicaron el reconocimiento a los más de 300 voluntarios que han sostenido, con su tiempo y esfuerzo, los proyectos territoriales de la organización,un recordatorio, dijeron, de que con poco es posible construir país.
Reconocimientos Dejar Huella 2026, en el Mes ICI: La curiosidad salvó al gato.
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Las manos que no se ven
La ceremonia cerró con un reconocimiento que no estaba en ninguna categoría oficial, pero que quizás fue el más revelador de la noche: un homenaje conjunto a los equipos de la Vicerrectoría Administrativa y Financiera y al equipo de gestión de proyectos de la Vicerrectoría de Investigación y Creación..
Jimena Hurtado Prieto lo presentó como un reconocimiento a las "manos invisibles", quienes, gestionando presupuestos, contratos, compras y logística, convierten lo posible en ejecutable. Cada laboratorio que abre sus puertas, cada investigación que sale a campo, cada viaje autorizado, pasó primero por sus manos, aunque su trabajo rara vez aparezca en un video o reciba un aplauso propio.
Al recibir el homenaje, sus representantes se mostraron gratamente sorprendidos: no trabajan buscando reconocimiento, dijeron, pero recibirlo les permitió ver con claridad algo que viven todos los días sin nombrarlo, que su labor técnica es la estructura sobre la que otros construyen su impacto. El trabajo administrativo, subrayaron, trasciende la burocracia: porque es el trabajo que habilita las condiciones para enseñar, aprender, investigar y transformar el país.
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Una huella colectiva
Si algo deja claro Dejar Huella 2026 es que ninguna huella se deja sola. Detrás de una plataforma que acompaña a 56.000 estudiantes hay un equipo que empezó siendo un puñado de estudiantes con una idea. Detrás de una tecnología que multiplicó por diez los ingresos de una comunidad en el Vichada hay 25 investigadores y una oficina que tramitó cada contrato. Detrás de 25 años de trayectoria académica hay una decisión, tomada una y otra vez, de seguir apostando por las comunidades. Y detrás de todo eso, sosteniendo la estructura, hay personas cuyo trabajo casi nunca se ve, hasta que alguien decide contarlo.
Esa es, quizás, la verdadera huella de esta convocatoria: no el objeto de material sostenible que cada ganador se llevó a casa, sino la evidencia de que en Uniandes el impacto nunca es individual. Es, siempre, el rastro de muchas manos trabajando juntas.