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Grandes enemigos al acecho
Lunes, 26 de septiembre de 2011 16:17

A propósito del Congreso de Parasitología que inició el martes 27 en Los Andes, Felipe Guhl, biólogo y director del Cimpat, habla sobre enfermedades tropicales.

Felipe Guhl, presidente de la Federación Latinoamericana de Parasitología y director del Cimpat de la Universidad de los Andes.

La pasada ola invernal que azotó al país durante el primer semestre de este año dejó más de cuatro millones de damnificados. El análisis de las imágenes geoespaciales pronostica una segunda ola invernal antes de que termine el presente año. Probablemente el número de damnificados aumente trayendo consigo mayor desolación e impactos negativos en la economía y la salud, teniendo en cuenta que menos del dos por ciento de las obras priorizadas por el Gobierno para mitigar los efectos del invierno se han cumplido. El análisis de las causas y consecuencias arroja muchas variables pero una de las principales razones es que el país no estaba preparado para lo que se avecinaba –a pesar de claras advertencias de los expertos en manejo de clima e imágenes satelitales–.

En cuanto a salud pública se presenta una situación similar. El país tampoco está preparado para prevenir y controlar la transmisión de enfermedades tropicales. Las cifras, a pesar del subrregistro, muestran una tendencia al aumento y no a la reducción de casos de leishmaniasis, dengue, enfermedad de Chagas, helmintiasis, enfermedades diarréicas y malaria, por mencionar algunas.

Latinoamérica es un continente mega diverso y muchas de sus regiones presentan una privilegiada ubicación geográfica en los Andes ecuatoriales húmedos y vastas regiones tropicales, que presentan condiciones de temperatura y humedad que hacen propicio el desarrollo de una inmensa variedad de parásitos y otros agentes infecciosos, que afectan a la población humana y animal.

Muchos de estos agentes patógenos se establecieron en el continente americano hace millones de años y desarrollaron mecanismos de transmisión, inicialmente utilizando los animales silvestres como reservorios y fuente de alimento. Más tarde se incorporaron a los ciclos de transmisión los primeros pobladores humanos. Se establecieron así las zoonosis que aún hoy en día persisten y ocupan extensas áreas geográficas en todo el continente americano.

Las zoonosis no son erradicables y por lo tanto requieren de estrategias particulares para evitar la transmisión de las infecciones a los humanos y sus animales domésticos.

Panorama

Felipe Guhl es director del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología (Cimpat) de la Universidad de los Andes.
Pareciera entonces que el panorama de la reducción de la carga de las enfermedades desatendidas fuera bastante desalentador. Quizás lo es, pero no a causa de la ausencia de herramientas y estrategias sino por un divorcio entre la academia, los administradores de la salud y la industria.

El generador de las políticas de salud, desde su perspectiva, podría analizar el valor de la investigación y argumentar que el dinero empleado en investigación debería usarse para salvar vidas ahora y que el tratamiento es más importante que la prevención. También puede argumentar que la investigación toma demasiado tiempo, no genera resultados inmediatos, ni aplicables y que crea herramientas más costosas y sofisticadas, no aplicables a países endémicos. Y, que solo la investigación aplicada y operacional es relevante y creer que una buena administración es lo único que se necesita.

Por su parte, los investigadores podrían argumentar que su responsabilidad es investigar y que los hallazgos obtenidos para prevenir y controlar las enfermedades no son de su incumbencia.

La industria farmacéutica podría analizar que invertir en el desarrollo de nuevos medicamentos o moléculas y producir nuevos fármacos para el tratamiento de las enfermedades de los países en vía de desarrollo no es rentable y, por lo tanto, no se debe invertir en estos sino en aquellos que dejen suficientes ganacias.

Recordemos la historia de la gran epidemia de polio. A comienzos de la década de los años cincuenta del siglo pasado, el gobierno de los Estados Unidos se vio enfrentado a tomar una seria decisión para combatir los miles de casos de polio que afectaban a la población. Una posibilidad era seguir invirtiendo en costosos pulmones de acero, una herramienta crucial para el tratamiento a las personas paralizadas por polio. Para los pacientes con parálisis temporal el ventilador de presión negativa ayudaría a respirar mientras se recuperaban y para los pacientes con parálisis permanente debería limitarse al uso permanente de los pulmones de acero para el resto de sus vidas.

Las salas de los hospitales se llenaron de pulmones de acero durante el brote de poliomelitis entre 1940 y 1950 y los costos  eran insostenibles. Entonces surgió el dilema: invertir en más y mejores pulmones de acero o invertir en un sueño: la vacuna contra polio. Cinco años más tarde el sueño se hizo realidad: Jonas Salk desarrolló la primera vacuna contra Polio.

Esta historia es un ejemplo de cómo las autoridades de salud tomaron una decisión acertada y concertada con la academia y la industria, que trajo un enorme beneficio no solo al sistema de salud de Estados Unidos sino a toda la humanidad.

Como este hay innumerables ejemplos en la historia de la biomedicina que demuestran la necesidad de que los tres actores actúen de manera concertada, respetando las características propias de cada disciplina.

Por el contrario, si las políticas de Estado dirigen los fondos de apoyo a la investigación en ciencia y tecnología a los responsables de la administración de los programas de salud, como lo han hecho hasta ahora, sin una respuesta positiva, se limita el desarrollo de la investigación libre impidiendo la generación de nuevos conocimientos que pueden beneficiar a los programas de salud.

La academia constituye un pilar fundamental para la generación de nuevo conocimiento y una de sus misiones es adelantar investigación libre para que los resultados obtenidos sean dados a conocer para su adecuada implementación y utilización en los diferentes sectores de la sociedad.

La otra misión de la academia es la formación de profesionales que, en el caso de la salud, hay que mirar con detenimiento y analizar si se está cumpliendo cabalmente con la formación integral de los profesionales.

Después de muchos años de incursionar en el campo de la salud pública, da la impresión que los profesionales de la salud no reciben la formación necesaria para atender a los pobladores más necesitados de las regiones más apartadas, que viven en extrema pobreza y es allí donde las enfermedades tropicales se manifiestan con mayor severidad. Es responsabilidad de la academia formar profesionales íntegros en todos los campos de la salud y por lo tanto revisar periódicamente los contenidos de las diferentes asignaturas y prácticas de laboratorio.

El evento

El XX Congreso Latinoamericano de Parasitología y el XV Congreso Colombiano de Parasitología y Medicina Tropical inician este 27 de septiembre.
El XX Congreso de la Federación Latinoamericana de Parasitología (FLAP) se celebra en la Universidad de los Andes conjuntamente con el XV Congreso de la Asociación Colombiana de Parasitología y Medicina tropical (ACPMT). La larga trayectoria de las dos corporaciones refleja una actividad sostenida a lo largo de sus 40 y 30 años de vida respectivamente. Ambas son entidades que promueven el desarrollo científico y tecnológico en el área de la medicina tropical y la parasitología y además de servir de foro para el diseño de políticas y estrategias para mitigar los problemas de la salud pública y reducir la carga de las enfermedades tropicales convocan todos los actores que deben estar presentes para que de manera conjunta se tomen las decisiones mas acertadas para cumplir con el propósito de prevenir y mejorar los problemas de salud que aquejan a las comunidades más afectadas.

Se discuten temas novedosos que deben ser incorporados en las agendas de los administradores de la salud tales como la salud geoespacial, la aplicación de modelos matemáticos de las diferentes enfermedades bajo diversos escenarios, epidemiología molecular, ecología sensorial en insectos vectores, la proteómica y la genómica aplicadas a los diferentes agentes patógenos al igual que la bioinformática, el desarrollo de nuevas vacunas y el desciframiento de los genomas de los agentes infecciosos.

Es preciso enfrentar con mente abierta los nuevos retos que ofrece la ciencia y salir de los esquemas clásicos muchas veces obsoletos e inoperantes y aceptar los cambios que vienen de la mano con desarrollo tecnológico y científico, son la nuevas tendencias de la ciencia que ofrecen modernos y acertados campos de acción y que pueden convertirse en herramientas poderosas para ser aplicados en los diferentes escenarios en los cuales debe actuar la salud pública.

Ojalá el esfuerzo de congregar a todos los actores responsables sirva para integrar acciones que permitan tomar las decisiones más adecuadas en beneficio de las poblaciones afectadas.

Felipe Guhl Nannetti
Presidente
Federación Latinoamericana de Parasitología

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