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Niños colombianos y suecos: ¿son diferentes?
Jueves, 07 de junio de 2012 00:00

No hay grandes distancias al competir y las niñas, allá y acá, son más prudentes frente al riesgo, dice estudio. Las brechas de género y competitividad llegan con el tiempo.

Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, CEDE, de la Universidad de los Andes, y de la Universidad de Estocolmo en Suecia, buscaron algunas respuestas en niñas y niños colombianos y suecos entre los 9 y los 12 años.

Por: Lisbeth Fog
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¿Será cierto que los niños son mejores para las matemáticas que las niñas? o ¿que las niñas saltan lazo mejor que los niños? Si se atreve a contestar cualquiera de estas preguntas le puede salir caro, como le sucedió en 2005 al rector de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, cuando tuvo que renunciar a su cargo por sugerir que hay menos mujeres en las carreras científicas y matemáticas por razones biológicas más que culturales.

Sin pretender ser la última palabra, investigadores del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, Cede, de la Universidad de los Andes, y de la Universidad de Estocolmo en Suecia, buscaron algunas respuestas en niñas y niños colombianos y suecos entre los 9 y los 12 años.

Teniendo en cuenta investigaciones realizadas en adultos por diferentes autores, se creía que dado que Colombia está en el puesto 76 del Índice de Equidad de Género medido por Social Watch[i] en 154 países, y Suecia en el puesto tercero, la brecha de género sería mayor en Colombia que en el país nórdico. Pero estos rankings mundiales se basan en el desempeño de adultos.

¿Qué pasa cuando aún somos niños?

El estudio, titulado Diferencias de género en competencias y toma de riesgo: comparación entre niños y niñas de Colombia y Suecia y próximo a publicarse en el Journal of Economic Behavior & Organization, ofrece información sobre la manera como se forman las habilidades para competir y para actuar frente a las situaciones de riesgo, partiendo de una muestra de 1.240 estudiantes de colegios públicos de Bogotá (631) y de Estocolmo (609). Lo novedoso es que si bien hay numerosos estudios en adultos, es muy poco lo que se sabe de la población infantil.

Por esta razón, y porque era todavía un misterio, el economista Juan Camilo Cárdenas, de la Universidad de los Andes, y sus colegas en Suecia resolvieron evaluar cómo se forman esas habilidades en el ciclo de vida de las personas. Este estudio utiliza por primera vez herramientas metodológicas de la economía experimental para empezar a mirar la situación desde la infancia.

Más que medir conocimientos, lo que hicieron fue evaluar sus actitudes y comportamientos a través de juegos. ¿Es que acaso los niños son más arriesgados que las niñas? La respuesta es contundente: sí. Y lo es tanto en Suecia como en Colombia. ¿Y cuáles son más competitivos? No hay diferencias abismales. Tanto niños como niñas, colombianos y suecos, son igualmente competitivos.

El juego en la investigación

Los investigadores pusieron a niños y niñas de Bogotá y de Estocolmo a correr, saltar lazo, hacer operaciones matemáticas y buscar palabras en ejercicios de sopa de letras, para medir sus comportamientos individuales y evaluar qué tan competitivos eran frente a sus compañeros y compañeras.

Al medir estos dos niveles de comportamiento, tanto en actividades físicas como en clase, lo primero que hicieron fue pruebas individuales. Para las pruebas de matemáticas y del lenguaje, por ejemplo, dividieron cada curso en dos, una mitad debía hacer los ejercicios matemáticos y la otra buscar las palabras en la sopa de letras. Tenían dos minutos para hacerlo y por cada respuesta correcta obtenían tres puntos. Luego, al azar los ponían en parejas, les entregaban un nuevo grupo de ejercicios igual para cada uno para desarrollar en los mismos dos minutos, al cabo de los cuales al que hubiera tenido más respuestas correctas le daban el doble de puntos y a su compañero, nada. Un ambiente bastante competitivo, en el que pareciera que niños y niñas ‘se ponen las pilas’ porque tanto colombianos como suecos mejoraron su desempeño.

Finalmente, en un tercer momento les dieron la oportunidad de escoger cuál de los dos ambientes preferían y encontraron que solo la tercera parte de los niños y las niñas escogieron la fase competitiva. La mayoría prefirió el ambiente individual.

En cuanto a las operaciones matemáticas y la sopa de letras, se esperaba que las niñas fueran menos competitivas que los niños en Colombia y que en Suecia la brecha de género no existiera. Lo que se encontró es que tanto niños como niñas colombianos tienen niveles similares de competencia en las dos tareas. En Suecia, solo las niñas aumentaron su desempeño significativamente cuando se les propuso competir en matemáticas. “Esto podría querer decir que van a crecer en un ambiente en el que van a enfrentar más igualdad de género, como dicen los rankings mundiales”, explica Cárdenas, y por tanto “las mujeres van a verse enfrentadas a más competencia”.

Contrario a las hipótesis que se plantearon, el estudio reveló que tanto niñas como niños en Bogotá y en Estocolmo son igualmente competitivos cuando se trata de correr. Pero cuando saltaron lazo, si bien niños y niñas colombianos no demostraron comportamientos diferentes, las suecas si fueron más competitivas que sus compañeros hombres.

Niñas y niños colombianos, así como las niñas suecas consideran más importante competir contra un niño que contra una niña, mientras a los niños suecos les da lo mismo quién es su contendor.

Cuando se midió su autoestima se encontró que los colombianos confían más en sí mismos y en su desempeño que los suecos. Siempre creyeron que en las pruebas obtendrían notas superiores a las que realmente consiguieron como resultado.

“No es que niños y niñas colombianos y suecos sean iguales”, dice Cárdenas, pero las diferencias entre los diferentes géneros y entre las diferentes nacionalidades no son tan marcadas. “Los sistemas educativos son muy desiguales y luego viene el problema de cómo la sociedad construye o no oportunidades para ellos”.

Tras bambalinas

Realizar estudios comparativos entre países de condiciones tan diferentes como Suecia y Colombia fue todo un reto, incluso divertido. Los investigadores debían armar las escenas de los juegos en condiciones lo más semejantes posibles y allí empezaron a cruzarse más rápidamente los correos electrónicos entre Estocolmo y Bogotá.

¿Dónde los ponemos a correr? Mientras en Bogotá era fácil, las condiciones climáticas de Estocolmo no permitían pensar en organizar las carreras al aire libre. Si los niños y las niñas bogotanos corrían en arena o pasto y los de Estocolmo en cemento, los resultados podían cambiar.

Y la búsqueda de palabras en la sopa de letras, ¿cómo hacerla equivalente si en sueco hay muchas más palabras de dos letras que en español?  Los investigadores tuvieron un reto metodológico complicado al diseñar estos juegos.

Pero la parte del premio fue la más divertida. Se trataba de recompensar a todos, niños y niñas que participaban, independientemente de sus resultados. ¿Cómo hacerlo? Éticamente darles dinero no es viable. ¿Chocolates? En Suecia estaría mal visto en razón de la dieta sana. Entonces, ¡juguetes! Pero ¿cuáles? La solución fue darles unas bolsas con útiles escolares divertidos como borradores que huelen a chicle o marcadores diferentes y originales. Finalmente todo se resolvió a punta de idas y venidas de fotos, ideas y propuestas nórdicas y tropicales a través de Internet.

La lección

Lo que más sorprendió a los investigadores fueron las pocas diferencias entre los niños y las niñas colombianas y los suecos al momento de enfrentarlos a un ambiente de competencia. “Eso lleva a pensar que con un buen entorno, la competencia puede mejorar el rendimiento escolar y el desempeño en actividades físicas y cognitivas tanto en sociedades nórdicas como en las menos desarrolladas”, concluye Cárdenas.

El estudio confirmó lo que ya estaba en la literatura científica de adultos, sobre la propensión al riesgo más en el género masculino que en el femenino. Por otro lado rebatió las hipótesis -o conjeturas- frente a las grandes diferencias de género que podrían presentarse cuando se comparan países tan disimiles en este sentido como Suecia y Colombia.

“Estamos construyendo un paradigma de investigación con niños y niñas que nos permite empezar a estudiar con más detalle cómo se forman esas habilidades: la propensión a competir y cómo se enfrentan ante situaciones de incertidumbre”, explica Cárdenas.

Podría concluirse que en la etapa de la infancia no hay grandes diferencias, pero una vez niños y niñas se incorporan al mundo adulto las brechas se agrandan. Como estas mediciones no se habían realizado en estas edades, “observar las diferencias desde tan temprano en el ciclo de vida despierta inquietudes sobre qué tanto es cultural y qué tanto es natural”, se pregunta el investigador.

Además de los resultados, esta metodología podrá servir para ser utilizada en distintos contextos y culturas, lo que permitirá no solo hacer mediciones, sino compararlas.

Los investigadores aprovechan los datos recogidos para analizar otra habilidad cognitiva, la cooperación. Pronto estarán los resultados… y quizá haya más sorpresas.

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