| Arquitectura, en sus cinco sentidos |
| Martes, 14 de febrero de 2012 00:00 | ||||||||||||||
Critica firmemente que se adule la imagen por encima de otros aspectos en una obra arquitectónica, es conversador y un enamorado de lo que hace. Gonçalo de Sousa Byrne vino por segunda vez a Colombia y no solo habló de la arquitectura de Europa y Portugal, también tuvo opiniones para las ciudades contemporáneas en Latinoamérica.por: Beatriz García Nova La arquitectura como arte contemporáneo y que toca la vida de las personas. La arquitectura con una dimensión de permanencia, pero también con algo de vulnerabilidad. La arquitectura que interviene directamente en el paisaje, que se relaciona con la ciudad y que reactiva conexiones con la vida, con lo natural, con todos los sentidos. Esto es para Gonçalo de Sousa Byrne su profesión. Es portugués, se graduó de la Escuela de Bellas Artes de Lisboa en 1968 y su producción ha tenido un particular relieve en los planos patrimonial y cultural. Ha sido profesor en su país y en el extranjero y cuenta con reconocimientos como un doctorado honoris causa de la Universidad Técnica de Lisboa en 2005 y el Premio Nacional de Arquitectura de la Asociación de Arquitectos Portugueses en 1988. A pesar de ser crítico frente a que la imagen predomine por estos días, Byrne muestra fotos de obras suyas en ciudades europeas –durante una conferencia en la Universidad de los Andes el 24 de agosto– para resaltar lo importante de defender la porosidad entre objetos y paisaje. Se opone totalmente a que haya zonas o edificios sin conexión con el afuera, que cada vez invitan menos a entrar, que se cierran sobre sí mismos. El arquitecto insiste –en español, con inconfundible acento portugués– en el paisaje urbano, en espacios vacíos y sin objetos: “Las conexiones con el entorno pueden darse por una calle, una plaza, un parque, pero también un río, una laguna, árboles o aire”. La arquitectura no solo trabaja con materiales inertes como la piedra, el ladrillo o el metal; tiene también en cuenta la materia viva. En su opinión debe haber un trabajo conjunto entre arquitectura, diseño urbano y paisajismo. Sensualidad más allá de la imagen Hay cosas de los edificios que son casi tan importantes como la imagen: la luz, la temperatura, y algunas de las que casi no se habla, como el tacto, el olor y el silencio. Para él, “la sensualidad de la habitación no la da solamente lo que captan los ojos”, y lamenta que “hoy, por la omnipresencia de la imagen, lo demás está despreciado”. Por eso, sobre sus fotografías (arriba) advierte: son una interpretación –así como en las revistas– de fotógrafos que pueden ser muy buenos, pero “la mejor cosa que podrás hacer es ir a visitar las obras, como un catador de vino que puede catar a ciegas, sin dejarse influenciar por la imagen”. No es un tema fácil el de la imagen, él es consciente. Porque es lo que vende y por lo que las sociedades se inclinan actualmente, pero –según describe al hacer el gesto de enfocar con sus manos como si tuviera una lente entre ellas– el fotógrafo decide hacer ver a través de ocultar; resalta un aspecto porque elimina los demás. En el mismo sentido, critica que se vea la arquitectura solo como objeto, como un objeto intocable y que no cambia, así como una pintura o una escultura: “No, la arquitectura es un arte muy bello por distintas razones; probablemente tiene buena imagen, pero más que eso, el edificio como obra de arte es aquel que tiene capacidad en sí mismo de provocar a la gente que se encuentra con él, de crear relaciones y reacciones”. Un edificio tiene mucho que ver con el entorno, no es solo una cuestión visual y no siempre esa relación con lo exterior es obvia sino que es necesario buscarla. Lo que hace Byrne no es dar continuación a lo que estaba antes; para realizar sus proyectos interpreta lo que existe y busca lo que no existe para potenciar y dar mayor valor (sobre todo cultural). Puntos para Colombia
Byrne conoció Colombia en octubre de 2010, cuando se hizo en Medellín la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo. Quedó impresionado. “Esta visión de una gestión urbana que tiene como siempre un lado técnico (la arquitectura, los proyectos, los edificios…) pero también un lado de construcción de ciudadanía, de participación; esto es lo que me sorprendió mucho de Medellín, ver la evolución después de una violencia que en los años 80 era la más peligrosa. Me parece increíble que en participación ciudadana tengan programas más complejos que en Europa”. Resalta, también, que hay proyectos de arquitectura de muy buena calidad no solo en Medellín y Bogotá sino también en ciudades como Cartagena. “Recuerdo en Medellín el metro, limpio, y los niños jugando con agua un domingo en el Parque de los deseos, cerca del Jardín Botánico, muy bonito. Había mucha gente y vigilancia ciudadana, no policía sino gente de los barrios que cuida y guía”. En cuanto a la capital del país, destaca el centro cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, realizado por el arquitecto Daniel Bermúdez –quien lo invitó a la Semana de Portugal en Los Andes–: “Tiene una estructura espacial como una ciudad, está cubierto pero alberga tanta luz, me gusta su relación con el cielo. La capacidad de controlar, dominar y valorizar la luz natural es una de las materias más importantes de la arquitectura”. Y a propósito, recomienda el libro El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki, que habla de la importancia de los volúmenes bajo la luz. Menciona también otros ejemplos que admira en Latinoamérica: Curitiba y Sao Paulo (Brasil). “La gente no iba por el miedo y poco a poco están implementando actividades, hay buenas escuelas de arquitectura y se ha ido reactivando esa conexión con la vida”. ‘Renaturalizar’, ‘recentrar’ Tras las gafas del arquitecto se adivinan ideas que no se quieren detener, podría seguir hablando toda la tarde pero es momento de redondear. A sus colegas colombianos recuerda que la arquitectura debe ‘renaturalizar’, no ‘artificializar’ la naturaleza. De eso habló cuando exploraban con estudiantes la idea de preferir construir un parque a lo largo del recorrido planteado para la Avenida Longitudinal de Occidente y así establecer una conexión entre los cuerpos de agua anexos al río Bogotá y preservar las relaciones comunitarias entre los barrios. Una hipótesis era la de unir los humedales con un canal, con esto Byrne se mostró preocupado por la linealidad y dijo que sería peligroso si se llenaba alguno. Concluyeron que materializar esa idea suponía dificultades técnicas y la descartaron. “Tampoco es volver a lo primitivo sino tener conciencia de lo natural y lograr un balance, siempre controlando la calidad”, advirtió el invitado. Un último tema del que habló fue de ‘recentrar’ la ciudad: crear zonas con una fuerte densidad construida y sobre todo un gran ‘mix de usos’: tener oficinas, viviendas, comercio y servicios en un mismo punto para alargar los tiempos de uso, porque hay zonas mono-funcionalizadas, las de vivienda solo se utilizan de noche y las oficinas durante el día. Así se lograría la porosidad sobre la que insiste el portugués –que no solamente se trata de movilidad en cuanto a autopistas sino también de dar la posibilidad a la gente de caminar, de interactuar con la ciudad, de pasar fácilmente de un lado a otro–. A ratos, en los cristales de sus gafas se refleja Monserrate; a ratos, por ahí pasan imágenes del centro de la ciudad, del cielo, de la terraza donde conversa… En un abrir y cerrar de ojos, con un movimiento de cabeza, conecta –como con sus obras– las calles con su entorno. Señales de vida
Durante su carrera profesional, a Byrne le concedieron un doctorado honoris causa de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica de Lisboa, fue condecorado por el gobierno portugués con los títulos de Gran Oficial de la Orden del Infante D. Henrique y Gran Oficial de la Orden de Santiago de la Espada. Su obra ha sido reconocida con el Premio Nacional de Arquitectura de la Asociación de Arquitectos Portugueses (1988), el Premio de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (1988), el premio A Pedra na Arquitectura (2001), la Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de Francia (2000) y el premio TECU Architecture Award (2002). Ha sido invitado como profesor por diversas universidades en el mundo como Harvard, la Escuela de Arquitectura de Nancy (Francia), la Escuela Politécnica Federal de Laussane (Suiza), la Academia de Arquitectura de Mendrisio (Suiza), la Universidad de Graz (Austria), la de Lovaina (Bélgica), la de Navarra, la Autónoma de Lisboa y la de Coimbra. Sin barreras
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